Entrevista a los artistas Jordi Ferreiro y Clara Harquindey, ganadores de ‘Habitar para transformar’

· ROBERTO MACEDONIO | Madrid ·


En una de las salas de Museo Thyssen nos reciben Jordi Ferreiro y Clara Harquindey, ganadores de la beca Habitar para transformar. En el museo se pueden ver aún sus obras: Estudio del paisaje Intersticios, de Jordi y Clara respectivamente. Son dos proyectos que proponen al visitante una experiencia distinta, activa, que le haga partícipe de su propia visita dejando de ser un sujeto contemplador. Con los dos artistas ganadores hablamos de sus proyectos y analizamos la situación del arte en un momento que está siendo crucial para la reinvención de los museos.


Pregunta. ¿Cómo definirían sus respectivos proyectos?

Clara. Intersticios es una pieza digital. Es una web que se está proyectando en el museo. Se muestra una pregunta en una de las paredes del edificio y el público, a través de esta web, puede responderla en forma de texto, vídeo o fotografía.

Jordi. Creo que los dos proyectos hablan un poco de conectar con esa participación que no es tan habitual en los museos. En mi caso a través de una audioguía. De alguna manera lo que quería era enseñar aquello que no podemos ver normalmente de este tipo de instituciones. Quería vincularlo con el proceso que sucede en los museos, no solo los visitantes sino también los trabajadores o incluso las obras cuando están a oscuras en el turno de noche del museo.

Clara Harquindey y Jordi Ferreiro durante la entrevista.

P. ¿Quieren que sea el visitante quien tome las riendas y empiece a crear?

C. Sí, que el visitante no sea solo un espectador y que el museo no sea solo un sitio para contemplar. Se trata de que haya una conversación, de empoderar un poco al público para que sea creador de ideas.

J. O al menos que tome las riendas de su propia mediación, siempre pensamos que es el museo el que tiene que mediar al público.

P. ¿Cómo cambian sus proyectos la visita?

C. La idea es que sea un museo con infinitos discursos. Para ello lanzo una pregunta que espero que genere otras tantas, no es concluyente lo que propongo.

J. Los proyectos se pueden entender como detonadores. Pueden enseñar a tener un pensamiento más crítico a la hora de ir a un museo: ¿dónde empieza la exposición? ¿qué me interesa ver?

P. ¿Creen en la posibilidad de que otros museos adapten algo similar a lo que han llevado a cabo?

C. Sí claro, más que el museo es el público el que tiene que tener la disposición de legitimar una mirada propia. Nuestros dispositivos se pueden incluir en cualquier institución porque no hablan de esta colección en concreto sino de cómo te enfrentas a una exposición.

J. Afortunadamente los museos están cambiando mucho desde hace diez años y hay un montón de experimentos parecidos.

P. ¿Saben el feedback que está teniendo la gente?

C. Tampoco es muy grande en mi caso. Para mi es un aprendizaje ver qué está pasando, qué tipo de personas participan y cómo lo hacen.

J. A mi no me interesa tanto el público, me interesa más la negociación con la institución y la infraestructura que eso conlleva. Para mi el aprendizaje está en ver cómo hackear los límites de la institución.

P. ¿Por qué eligió una audioguía?

J. Como artista y educador trabajo con esos formatos clásicos, con la mediación de los museos. Este es un formato que me encanta, ya lo he usado varias veces.

P. Clara ¿por qué el mundo digital?

C. Creo que desde lo virtual podemos inventar identidades nuevas para los museos. Me interesa lo virtual en el sentido de que parece que se agota. Aquí el tiempo está parado mientras la nube está en un continuo movimiento. Además creo que hay mucha gente con un móvil en este museo y eso hace que la participación sea inmediata.

Clara Harquindey durante la entrevista.

P. ¿Esto puede distorsionar la percepción que tenga un visitante de las obras?

J. Sí, sin duda la distorsiona. Pero creo que más que distorsionar añade capas. Siempre tenemos en primer lugar la capa del artista, la capa del comisario, de la institución… Nunca añadimos la capa del público, nosotros le damos esa oportunidad con nuestros proyectos.

P. ¿Debe el arte educar?

J. Bueno deberíamos replantearnos el concepto de educar. Ahora mismo la educación es unidireccional. Los museos nos intentan dar desde una identidad fija unos contenidos que no son pactados. En definitiva el arte es transformador… En fin es muy complejo.

C. Una obra de arte siempre comunica algo. No se si pretende o debe educar pero, en cualquier caso, es un detonante de ideas y de conocimiento. Esa es la propuesta del arte.

P. ¿Hay apoyo a las nuevas generaciones de artistas?

J. Sí, sin duda. Hay millones de convocatorias para artistas jóvenes. Tendríamos que analizar este tipo de convocatorias en el sentido de hasta qué edad se considera a un artista joven, el apoyo a artistas jóvenes que tienen hijos e hijas… A veces no puedes optar a becas de desplazamiento si tienes hijos. Pero sí, hay apoyo, sin duda.

C. Bueno esta beca en concreto (Habitar para transformar) no tenía límite de edad. No estaba enfocada a artistas jóvenes. Pero en general sí hay apoyo a las nuevas generaciones, aunque en este caso concreto no fuera un requisito.

P. ¿Qué visión tienen del arte que está empezando a transformarse en el siglo XXI?

C. Si algo caracteriza al momento que vivimos es la hibridación. Se combina todo: moda, música, pedagogía, tecnología, arte… Sobre todo tecnología, es lo coherente con nuestro tiempo y con lo que somos.

J. No me podría hacer abanderado del arte contemporáneo que hace mi generación. Pero sí me podría hacer abanderado de artistas que, al igual que Clara, estamos trabajando entre lo pedagógico y lo artístico. En este sentido creo que hay un gran interés por el momento político que estamos atravesando. Los artistas consideran lo educativo como parte de su práctica artística.

Jordi Ferreiro durante la entrevista.

P. ¿Dista mucho el arte en España al del resto del mundo?

J. Bueno si miramos a Latinoamérica, desde España siempre hemos ninguneado todo lo que sucede allí, pero creo que ahora es especialmente relevante porque están en un proceso de urgencia total. Al igual que nosotros, vienen de un pasado violento pero en su caso mucho más. Están en un proceso de reparación que tiene que ver con la paz y la restauración de los derechos civiles. Son un montón de cosas que pasan por la educación. Nosotros tenemos mucho que aprender de eso. De hecho, hay muchos museos lationameticanos por la paz, museos que hablan de sus guerras civiles… Nosotros no tenemos ninguno. Deberíamos.

P.  Clara, ¿es accesible el arte en Madrid?

C. Yo que no he estudiado en una facultad de arte y nunca me he rodeado de gente que vaya excesivamente a los museos, siempre he sentido que sí se facilita el acceso. La visita a un museo es gratuita en la mayoría de los casos con el carné de estudiante. También fuera de ellos, Madrid es una ciudad con una gran vida cultural.

P. ¿También Barcelona Jordi?

J. Sí, pero aquí tenéis más espacios independientes. En Barcelona hay más problemas con eso. Pero creo que la situación en ambas ciudades es buena.

P. ¿Creéis que sea necesaria una desintelectualización del arte?

J. Para mi el mundo del arte está completamente desmitificado. Es parte de mi mundo laboral, veo los museos en diez segundos porque voy directamente a lo que me llama la atención, lo que tiene que ver con mi día a día. Para mi no es nada épico.

P. Pero en general sí lo es…

J. Bueno es un negocio. Que sea así, complicado y no complejo, ayuda al museo a generar cierta distancia. Cuando hablamos de instituciones estamos hablando en realidad de poder. Es importante que el público no pueda entenderlo bien, que haya catenarias, seguridad, cierta distancia… Si lo sacamos del ambiente mágico, de la caja que le hemos construido, pierde el sentido. Eso lo he visto en proyectos que he realizado hace poco, llevando obras de museo a una escuela de primaria, un bar, un espacio doméstico. Lo que ocurre entonces es que el misticismo y lo épico desparece, pero queda el arte.

C. Es justo eso. En cuanto se desliga de la vida, de lo normal y lo cotidiano, hay un misticismo sin el que quizás no tiene tanto sentido. Es muy interesante ver los datos de las visitas a los museos y la inversión económica que hay detrás de ellos. Quizás deberíamos preguntar a gente que nunca ha visitado un museo si está de acuerdo en mantener estos espacios gigantes con dinero público. A lo mejor no tiene sentido emplear tanto dinero en mantener un museo que la gente del barrio jamás visita. Pero eso no se cuestiona. Yo amo los museos, pero es importante ser críticos con ellos y hacerlos cotidianos. No eres peor porque no te interesa algo.

J. Está claro que en el tiempo que vivimos, los museos que no sepan reinventarse trabajando con la comunidad que les rodea van a desaparecer, sin duda.


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