Quiet Dickinson

Terence Davies lo ha vuelto a hacer. Plasmar en la gran pantalla la resistencia emocional del ser humano, opresivo y frustrado con el entorno que le rodea y excavando agujeros sin fondo. No contento con el estreno de ´Sunset Song´, el cineasta, novelista, guionista y actor británico estrena por segunda vez en el mismo año en las carteleras independientes. ‘ A Quiet Passion’ nos describe la solitaria vida de la poetisa americana Emily Dickinson, reconocida como una de las mejores domadoras de la lírica de su país junto con Edgar Allan Poe, Walt Whitman o Ralph Waldo Emerson. Nuestra artista dedicó gran parte de su vida a residir en la casa de sus padres en su pequeña ciudad natal, Amherst, desentonando entre sus hermanos por su falta de adaptación a la ideología de la época y cuestionamiento constante de la reprimida posición de la mujer. Esta sensación de incomodez con su entorno acarreó consigo el explotamiento creativo de la poeta, quien se vio además frustrada por el intento de editores de modificar su poesía para adaptarla a los cánones literarios del siglo XIX.

quiet

En la película, de lenta narración audiovisual, encontramos reflejada esta incomodez de la que hablábamos anteriormente. Quizá el personaje no refleje en profundidad a la verdadera Emily Dickinson, pero el conjunto de espacios agobiantes, cerrados y repetitivos, envuelven al espectador dentro de la burbuja en la que debía haberse ahogado y de la que a través de los versos conseguía cada noche evadirse. Encontramos la felicidad de la artista cuando se rodea de sus padres y hermanos en perfecta armonía y cuando sueña con publicar parte de su obra, que por desgracia no fue mundialmente conocida hasta después de su muerte.

Y con todo esto, abro a la reflexión lo siguiente: ¿Por qué, en muchas ocasiones, las esencias de los artistas explotan de fama tras su muerte y, a veces, coinciden todos ellos en haber experimentado una vida fuera de lo común? ¿Es el sentimiento de despego hacia el mundo el que promueve el arte? De pensarlo, podríamos estar rodeados cada día de mentes brillantes que serán descubiertas en siglos posteriores puesto que ellos mismos no se dieron importancia. Quizá esta mañana hayamos compartido asiento en el autobús con quien será estudiado en la literatura del siglo XXI en el futuro, por ejemplo. ‘La autocensura es la muerte del artista’ es una de las verdades más sinceras que he oído nunca. ¿Por qué no, en lugar de oprimir la capacidad de crear, la compartimos?¿Quizá porqué al compartirla se perdería la esencia de todo lo plasmado? Lo dejo a vuestro juicio.

”La infelicidad desarrolla este arte,

las ganas de nada,

el sonido del viento que se clava en el alma,

‘no me puedes hacer el amor si no entiendes mi poesía’,

decían

¿y si no la entiendo tampoco yo?”

Andrea Farnós

@andreafarnos14

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