“Alanis”, la prostitución sin clichés ni prejuicios, con valentía

· ROBERTO MACEDONIO | San Sebastián ·

No podemos decir que el cine no haya retratado nunca la prostitución, de hecho, ha sido a lo largo de los años un tema recurrente para el séptimo arte. Tanto es así, que incluso entre los grandes clásicos de las últimas décadas encontramos esta temática. Ya se encargó Julia Roberts de que el mundo entero se enamorara por primera vez de una prostituta: Vivian Ward, aquella pretty woman que lanzó definitivamente al estrellato a una entonces jovencísima actriz. Teniendo en cuenta estos antecedentes, parece arriesgado llevar hoy a la gran pantalla una historia de este estilo. Pero la cinta que ha presentado la cineasta argentina Anahí Berneri en San Sebastián no es de este estilo. Alanis es una película alejada de todas las historias “de calle” que se han filmado antes.

Sin clichés ni prejuicios, con valentía. Mientras Vivian Ward enamoraba, Alanis se acerca vertiginosamente al mundo de verdad. Berneri ofrece un planteamiento tan auténtico que es imposible no sentir afecto y pavor al mismo tiempo, despertando las emociones del espectador en un golpe tan fuerte como los que su personaje recibe sobre la pelvis. Aunque desgastada, la protagonista de esta historia, que da nombre al filme, se resigna a dejar el único medio de vida que ha conocido para sí misma y para su hijo. Esta historia de dinero y amor comienza con una situación desoladora, entre otras cosas, porque su planteamiento podría ser el final perfecto: llegan los servicios sociales, e intervienen. De una manera parecida, de hecho, cierra Sean Baker su Florida Project. La diferencia es que la protagonista de Sean Baker no tiene nada que ver con la de Berneri. Esta segunda quiere ser puta y, pese a todo, está conforme con su trabajo.

Esta oda a la dignificación de la profesión más antigua del mundo y de la mujer en la sociedad decadente del siglo que atravesamos, le ha valido a la directora la Concha de Plata a Mejor Dirección en el Festival. También el galardón dignifica a la mujer, pues tristemente tan solo es la segunda vez en 65 ediciones del certamen que se premia a una mujer en dicha categoría. Es curioso cómo, sin florituras ni adornos, con un espíritu lúgubre y desolado (el que se espera de una prostituta) los laureados planos decolorados, rígidos y poco detallistas nos introducen en la vida burda y gris de este personaje al que acompañamos durante una semana. Una semana bien contada, con momentos para respirar que nos permiten coger aliento y después, enfrentarnos a escenas verdaderamente demoledoras. Así es, al fin y al cabo, la vida de una chica que hace dinero allá por la Plaza Miserere a altas horas de la madrugada. De manera agitada e intensa te metes de lleno en el trabajo de Alanis, reconociendo algo que solo una madre sin salida podría hacer. Es una película rápida e intensa que revuelve tu conciencia. Cuando acaba, se encienden las luces y sigues a lo tuyo. Eso le debe ocurrir a los clientes de Alanis. Y eso mismo, le ocurre a los espectadores de Anahí Berneri.

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