Arbus nunca duerme

· ANDREA FARNÓS | Buenos Aires ·

Los ojos de la metrópoli neoyorquina aterrizan en el MALBA. Buenos Aires disfruta del talento de Diane Arbus hasta el próximo nueve de octubre. Hasta la fecha, la tan esperada exposición; centrada en los primeros siete años de su carrera, permanecerá abierta a todos aquellos que deseen acercarse al Nueva York del siglo XX. A pesar de la popularidad de la segunda etapa de su obra, en la que residen sus fotografías más conocidas a nivel internacional, el MALBA ha decidido honrar las imágenes de sus inicios que han quedado en el olvido. Aun así, se recogen algunas obras de su último proyecto en 1970: una serie de fotografías de la posguerra americana. Arbus pasó a mejor vida por decisión propia en cuerpo, pero no pudo eliminar su arte de la admiración de muchos.

Las capturas del tiempo expuestas reflejan la cotidianidad de lo extraordinario. El antes y después de un transformista y la orgullosa mirada que desprende con el rímel en las pestañas. Un hombre con labios pintados reflejando la inutilidad de etiquetas de género y una peluca rubia sobre su cabello. En otra fotografía, una mujer de avanzada edad desnuda bajo la ducha. El cuerpo humano natural, sin tapujos ni estereotipos.

Todo esto contrasta con la elegancia de la señorita Marian Seymour bailando con el barón Theo Von Roth en el Gran Baile de la Ópera. La ciudad que no duerme era de aquella pareja en esa noche de los 50. Una cámara de 35mm captura la fugacidad de un paso de baile y, hoy en día, observamos ese segundo bajo la legitimación del museo. Pero si la temática a tratar ahora es el tiempo, será necesario resaltar el primer plano de un beso. Como decía Arbus, ‘una fotografía es un secreto sobre otro secreto. Mientras más te dice, menos sabes’. ¿Cuál sería la historia de los sujetos?¿eran pareja?¿amantes? De lo único que no cabe duda, es de la complicidad de las miradas que Arbus no dejó escapar. 

El detalle en blanco y negro de las fotografías quizá no fuese la intención de la autora, pero esa desaparición de colores dice más de lo que uno cree. No existe fuerza en la tonalidad, ni en el brillo, ni en la saturación. Los sujetos en su entorno natural son los únicos protagonistas del arte de la neoyorquina. La absorción del tono va de la mano de su filosofía: partimos de un todo y de un nada, de un blanco y de un negro, del principio y del final, de la cotidianidad de la vida humana que culmina en una superposición de eventos asombrosos.

‘Nada permanece igual, como me habían dicho. Lo que reconozco es lo que no vi nunca antes.’ Con esta cita define su trabajo, y la exposición que hoy reside en el MALBA. La tenue luminosidad de la sala envuelve al visitante, las instantáneas le absorben y la presencia de la esencia de Arbus reina en el ambiente. Una exposición para disfrutar, una visita obligatoria tanto para los expertos en fotografía como los que no. Inclusiva en todo lo que le rodea, así era y es el espíritu de la artista.

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