Activismo, arte y “Autorretrato como fuente”

ANDREA FARNÓS | Madrid

• Cuando se abre la puerta de la duda, la respuesta, si es que existe, solo se encuentra indagando en profundidad por los recovecos de todas las cuestiones sin resolver.


Así es como se plantea el panorama de la década de los 90 especialmente en nuestro país; y es que si veinte años atrás comenzaron a despertar los primeros planteamientos del arte feminista, es en los años noventa cuándo las teorías queer y el postfeminismo se ven reflejados en el panorama artístico y social. Ya no existe un solo objeto de lucha feminista, sino que colectivos como el LGTBI(+) y minorías étnicas (entiéndase étnico como la mera distinción de característicos rasgos físicos entre sociedades, alejándose de la antigua terminología de ‘raza’ que no es aplicable biológicamente al ser humano) conformarán representaciones en las artes visuales enmarcadas en las primeras teorías queer. Esto da pie, con la importancia del cuerpo más allá de la performance, a campos como la fotografía.

          Nos encontramos, por tanto, en un paradigma en el que propio feminismo se supera así mismo. Las protestas se plantean intensificar las diferencias como un elemento indispensable para comprender las propias luchas: la diversidad entre colectivos de mujeres no es más que un reflejo de la sociedad real. El desafío de la mujer se pluraliza en cuestiones de género, etnia y clase: el 20 de junio de 2012, “precarias a la deriva” organiza una huelga de sindicatos como reacción a la reforma laboral, pero…¿hasta que punto el sindicalismo tradicional lucha por la posición de las mujeres, si aquellas en situaciones de precariedad ni siquiera se verán afectadas por las reformas del sector ya que su postura se sitúa incluso por debajo?

 

© Autorretrato como fuente. Cabello/Canceller

 

          En consecuencia a estas cuestiones, artistas como Cabello/Canceller, dedicadas en profundidad a teorías feministas y artes de temática lésbica/LGTB(+), destacan por piezas como “Autorretrato como fuente”. Esta no solo forma parte de lo que denominaríamos fotografía performativa: centrada no en el objeto sino en lo que este, su contexto y el espectador nos relata, recalcando el antes, el ahora y el después; sino que además juega con la parodia. Los inodoros nos recuerdan a la famosa fuente de Duchamp y el título no es otro que el de Nauman en 1967. Encontramos constantes referencias a las teorías queer de Judith Butler. Es este espectro en el que se desenvuelven Cabello/Canceller, manipulando referentes para extraer su contenido más acorde a sus intereses artísticos.

Es aquí donde confluyen el arte y el activismo. Una búsqueda alternativa al denominado el “feminismo institucional” que trata a la mujer como un todo y como un concepto homogéneo. Por esto, comienzan a condensarse verdaderos sectores de mujeres unidas, en protestas comunes, gracias a la acción política que estas conllevan. Es en este contexto de finales del siglo XX cuando se exploran los campos del arte desde las nuevas formas de representación y ‘sobre qué’ van a tratar. Cabello/Canceller son un ejemplo casi tangible de estas cuestiones: un reflejo directo de una España  rebelde que busca la polémica, la defensa de los derechos de los grupos minoritarios y la representación más allá del cuerpo y del ahora.

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