‘Call Me by Your Name’, fuente de placer y sensibilidad

· ROBERTO MACEDONIO | San Sebastián ·

Verano, años 80, un precioso pueblo de la Italia profunda. Este es el contexto en el que el director Luca Guadagnino sitúa la película que ha conquistado al público del Festival de Toronto. A primera vista parece una historia bastante convencional, protagonizada por una familia francoamericana de lo más normal: marido, mujer, y un prodigioso hijo de 17 años que mata el tiempo estival entre instrumentos musicales y libros. Pero la paz del adolescente se ve alterada por la llegada de Oliver, un joven de 24 años que pasará un mes en la casa de su profesor, el paterfamilias, para avanzar en una investigación universitaria. La aparición de este elemento externo rompe la cotidianeidad de aquella casa, dotando a la historia de un mágico frenesí emocional.

Timothée Chalamet en Call Me by Your Name.

Para el adolescente, Elio Perlman, comienza un verano que cambiaría su vida: en una edad tan complicada como la suya, se enamora de alguien que le saca siete años; algo nada fácil, al menos, en un pueblo como aquel, reducto de siglos de tradición homófoba. Pero el director italiano sabe que el amor no entiende absolutamente de nada: ni de sexos ni de edades; y en este punto empieza a explotar las fortísimas emociones de unos personajes que temen el rechazo el uno del otro, pero que se atraen con una fuerza magnética. Lo cierto es que los actores han sacado lo mejor de sí: un Armie Hammer que por fin ha dejado de ser insensible frente a la cámara, y un prometedor Timothée Chalamet que te hace sentir la contradicción de ese amor alejado del estereotipo.

No cabe duda de que se trata de una obra bellísima en todos los sentidos. Guadagnino, enamorado de su país natal, como sus personajes entre ellos, refleja a la perfección la vida en aquellas pedanías italianas donde el verano se hacía eterno incluso para los turistas que, gracias al aburrimiento, encontraban la belleza en mínimos hechos como el movimiento que la escasa brisa provocaba en las hojas de los árboles. La fotografía del filme transmite a la perfección ese bochorno suspendido en el aire, con una paleta de colores muy viva y unos encuadres que, sin recrearse en florituras, te transportan a esa situación ardiente que continúa, por supuesto, con la pasión de sus protagonistas, capaces de seducir al público de cualquier sala de cine llenándola de emoción. Y con la música, suave y sugerente, que suena justo cuando se te empieza a retorcer el estómago. La partitura parece querer decirte cálmate pues, vida mía, convirtiéndose en un susurro de melancolía.

Armie Hammer en Call Me by Your Name

Las buenas historias de amor necesitan su tiempo, y Luca Guadagnino nos regala más de dos horas a las que no les sobra nada, permitiéndote vivir y sentir lo que ocurre en la pantalla con momentos para todo: miedo, amor, lujuria, pasión… Asumiendo el riesgo de vendernos una cursilada, consigue no empalagar. Evidentemente, no es un cuento de príncipes y hadas, es un cuento rompedor, de amor valiente… Un cuento que esperas que acabe como el verano mismo, y que sin embargo sorprende con un final exquisito y apoteósico, digno de esta gran historia. Call Me by Your Name asume una realidad profunda y difícil que, de situarse en la actualidad, seguiría con las mismas idas y venidas.


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