Calles, escenarios

Domingo noche, sobre las once. Puerta del Sol, Madrid. Allí estaba yo, después de recorrer una Gran Vía rodeada de luces de neón, grandes pantallas que anunciaban los próximos estrenos, y carteles con la programación de los mejores teatros. Sin embargo, acabé en esa siempre brillante Puerta del Sol, atraído por el sonido de lo que parecían unos golpes en el suelo, como si de un extraño taconeo se tratase. No había nadie taconeando, pero sí patinando, realizando un vertiginoso circuito aparentemente imposible de recorrer en patines, sobre todo, a la velocidad y con la naturalidad en que lo hacía ese grupo de jóvenes, de unos 18 años. Hicieron de la mítica plaza su pista de circo, rodeada por un público entregado, partícipe del propio espectáculo y que, estoy seguro, no habría escatimado en pagar si ello fuera un requisito para verlos. Unos pasos más atrás, a 50 metros, otro corro de personas. Otro corro que aplaudía y gritaba entusiasmado. Tres bailarines se convirtieron en el centro de atención. También ofrecían un espectáculo, en su caso, de danza, de gran calidad, digno de cualquier escenario. Os garantizo que, aquello que se vivía gracias a esos chicos fue mágico. Consiguieron captar la atención de unas 100 personas que no habían ido hasta allí expresamente por ellos.

Me hubiera pasado la noche observando el talento que me rodeaba. A veces (a la vista estaba) no hace falta sentarse en un lujoso patio de butacas para evadirse con las sensaciones que te ofrece cualquier show en directo bien hecho. Era imposible no acordarme de aquella emocionante y cuanto menos teatral película española de Achero Mañas: Noviembre; que ya nos dejaba este mismo mensaje.

Admiro estos espectáculos callejeros que dan vida e identidad a la capital, que la hacen especial, que permiten a sus ciudadanos y visitantes dejar, aunque solo sea por un momento, los problemas que hoy desgraciadamente ocupan las portadas de los periódicos fuera. No se me mal interprete, no menosprecio ni critico los eventos de gran formato que se dan en los mejores teatros, de hecho soy un fiel seguidor de ellos. Aprovechando el momento, ahora que los he visto, os aconsejo que disfrutéis de Priscilla, Cabaret, o Hércules, que a día de hoy (menos mal) siguen llevándose a cabo en los auditorios madrileños. Estas son grandes producciones, con un precio razonable en relación a lo que te ofrecen y a los gastos que tienen detrás. Son producciones especiales, únicas y sobre todo: inolvidables. Pero aunque no estés en el mejor de los palcos, cuando veas una performance en la calle, disfruta de ella. Grandes actuaciones callejeras, grandes actuaciones en teatro.

Roberto Macedonio

@romacedoniovega

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