“Carmen”, provocadora y ardiente, divide al público del Teatro Real

· ROBERTO MACEDONIO | Madrid ·

Mejor que hablen mal de ti a que no lo hagan, ya lo decía Oscar Wilde. Poca gente habló de Carmen cuando se representó por primera vez en 1875. Tres meses después, su compositor, Georges Bizet, moría decepcionado por la indiferencia del público, sin saber que su ópera sería una de las más representadas de la historia. El pasado miércoles el Teatro Real estrenó entre aplausos y abucheos la versión que dirige Calixto Bieito.

Stéphanie d’Oustrac (Carmen) y Andrea Carè (Don José) interpretan “Carmen” en el Teatro Real © Javier del Real

Carmen acabó con las tragedias de héroes y mártires para subir al palco a personajes de verdad, lujuriosos, pasionales y, enamorados de manera enfermiza. Es imposible que con este planteamiento la historia situada en el sur de España no despierte entusiasmo y sofoco entre el público. Más aún cuando la dirección escénica corre a cargo de Bieito, un artista tan provocador como la propia Carmencita.

Parece atrevido estrenar este montaje en la víspera de la Fiesta Nacional, en medio de un contexto político que ha encendido el patriotismo de la capital. Lo digo porque la Carmen del director español juega a la seducción más lasciva bajo un enorme mástil con la bandera de España, algo que no gustó a todo el mundo. Es cierto que Bieito ha considerado la situación actual eliminando gestos que podrían herir sensibilidades. Gestos que, por el contrario, sí se vieron en el Liceu de Barcelona y en la Opéra National de Paris, donde ya se ha representado con éxito esta versión. Un legionario que se limpia el culo con la rojigualda o una muchacha que toma el sol sobre ella, son algunos de ellos.

No cabe duda de que estamos ante un montaje que no deja indiferente a nadie, despertando para bien o para mal el corazón de los espectadores. La escenificación te sitúa entre contrabandistas y toreros. En medio de la cálida España profunda, el bochorno estival cae sobre un impresionante toro de Osborne que preside el tercer acto. Bieito consigue sin demasiados cambios de decorado atrapar tu atención en lo fundamental: una historia de 1875 que se extrapola a nuestros días. El escenario convive con la rudeza de los protagonistas sin perder la elegancia, una bella contradicción. El elenco, encabezado por el tenor Francesco Meli y la mezzosoprano Anna Goryachova, mantiene esa belleza cantando con el ardor que merece la historia.

En primer término Stéphanie d’Oustrac (Carmen) y Andrea Carè (Don José) © Javier del Real

Carmen es lo más flamenco y andaluz que compuso un francés del siglo XIX. Ahí encuentro la magia de su partitura, en los acordes orquestales con tintes españoles, que hacen sonar a la vez al violín y la castañuela. La batuta de Marc Piollet dirige con pasión la orquesta del Real, que pese a las críticas recibidas en el estreno, el segundo día sonó bien compaginada con los solistas. El coro de niños y su directora, Ana González, merecen por su alto nivel una mención especial.

El Teatro Real ha sabido empezar por todo lo alto esta temporada inaugurada en septiembre con Lucio Silla. La ópera de Mozart dio el relevo a Carmen, que celebra los 20 años de la reapertura del Teatro despertando filias y fobias. Quizás, de haber levantado tales sensaciones en el público parisino de 1785, Bizet no hubiera muerto tan joven. Sea como fuere, esta versión de su obra maestra enciende, seduce y enamora.

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