África y COVID-19: una pandemia sobre los más vulnerables

ANDREA FARNÓS | Madrid

Los casos registrados ascienden a más de 5.900 afectados por coronavirus


La crisis sanitaria mundial del COVID-19 está dejando estragos en todas las poblaciones afectadas. El virus, que no entiende de clases ni etnias, azota al planeta con fuerza desestabilizando incluso a quienes nos pensábamos intocables. Los casos en Occidente aumentan: 488.169 diagnosticados en Europa y 213.372 en Estados Unidos. Pero, ¿qué ocurre con el continente africano?

1.380 positivos en Sudáfrica, 847 en Argelia, 261 en Burkina Faso. Estos no son más que algunos datos oficiales recogidos desde la plataforma digital de la OMS. Teniendo en cuenta la rapidez a la que se contagia y los estragos que está causando en países con un desarrollo sanitario aceptable, las devastadoras consecuencias que el virus puede llegar a ocasionar en países subdesarrollados son incluso impredecibles.

Reconocidos blogueros, activistas y personajes públicos han puesto en marcha diferentes campañas online para concienciar a la población. En Burkina Faso, un ingeniero local ha desarrollado una aplicación móvil para mejorar el diagnóstico del virus. Grandes ciudades como Lagos y Abuya, ambas en Nigeria, han aprobado ya las medidas de confinamiento aplicadas en gran parte del planeta actualmente. Países como Ruanda, Senegal o la República Democrática del Congo han decretado, también, el encierro de la población.

Mujer con mascarilla y guantes en Ciudad del Cabo. © Reuters – Sumaya Hisham

Diferentes organizaciones estiman que el origen del contagio en África proviene de turistas europeos.  The New York Times, entre otros, publicó el pasado 23 de marzo que el primer caso de COVID-19 en Sudáfrica cumplía dichas características, aunque el contagio de ciudadanos locales continúa en ascenso. ¿Deberían haberse cerrado las fronteras antes? Si, quizá, se hubiesen aplicado medidas extraordinarias semanas antes de la extensión por el continente del virus, se habría reducido la rápida expansión del mismo. Lo cierto es que el territorio vecino (nos separa un poco de agua y mucha soberbia) no ha alcanzado, ni de lejos, su pico máximo de contagios; por no hablar del extraño número de muertes contabilizadas.

Por otro lado, se han publicado los datos de un informe del London School of Hygiene and Tropical Medicine (LSHTM), en el que se estima que la mayoría de los países africanos superarán los 1.000 casos cada uno en menos de un mes, llegando a los 10.000  días después. Además, la sede de LSHTM en Gambia diagnosticó hace pocos días a dos miembro de la plantilla con coronavirus. Si añadimos los altos porcentajes de población africana situada bajo el umbral de pobreza y la falta de recursos para protegerse con medidas básicas, las estadísticas de contagios aumentan. Países como Ghana son de los más afectados por este tipo de inconvenientes. El 74% de los hogares de las zonas rurales del país tienen su principal fuente de agua en un pozo, limitando así no solo su uso sino también, sus reservas futuras. Estos datos, que ya de por sí son preocupantes, suponen un auténtico riesgo de contagio teniendo en cuenta que una de las medidas básicas establecida por la OMS para frenar al COVID-19 es lavarse las manos con frecuencia.

Calles de Ghana desinfectadas.
Labores de desinfección en Ghana. © EFE – Christian Thompson

Es aquí donde radica el mayor de los problemas. La situación de sociedades empobrecidas ante tal amenaza es nefasta: a menos agua, más contagios. A menos recursos sanitarios (encuestas de Unicef establecen que en Ghana se registra un médico por cada 10.000 personas), más número de fallecidos. Es por esto que muchas naciones africanas han solicitado apoyo económico a instituciones como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Africano del Desarrollo. Este último, según fuentes de eldiario.es, ha activado un bono social de 3 millones de dólares para respaldar a las economías más perjudicadas.

Son muchas las incógnitas que permanecen abiertas. ¿Facilitarán realmente las organizaciones internacionales los recursos necesarios al continente africano? Con la pandemia atacando en regiones como Europa y Norte América, las probabilidades de que los países subdesarrollados se vean altamente beneficiados descienden por momentos. ¿Qué medidas de protección podrán llevar a cabo los colectivos más vulnerables de las sociedades africanas, muchas de ellas, situadas bajo el umbral de pobreza? Si existen sectores marginados de la sociedad occidental con falta de atención, es imposible predecir el trato que recibirás los menos afortunados en el sur del planeta. Con todo, los casos todavía no son alarmantes, pero lo serán. Por desgracia, evidencias como esta nadie las pone en duda. Los dirigentes tienen miedo, los civiles (los pocos realmente conscientes del problema) tienen miedo. La incertidumbre se propaga a la misma velocidad que los contagios y es inevitable cuestionarnos el qué pasará, el cómo y el cuándo. De lo que no dudamos es del dónde, ya que este es un problema de todos-y en todos- los lugares del planeta.

 

 La siguiente tabla recoge los datos oficiales de la Organización Mundial de la Salud, actualizados por última vez el 2 de abril de 2020. Los datos de países como Egipto, Marruecos, Túnez, Libia, Sudán y Somalia provienen de la Universidad Johns Hopkins

 En este enlace encontrarás información actualizada de los registros de COVID-19 en cada país.

 

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