El «legado líquido» que nos dejó Bauman

· ROBERTO MACEDONIO | Madrid ·

Ayer lunes nueve de enero falleció el pensador contemporáneo Zgmunt Bauman. El sociólogo polaco de origen judío, a lo largo de su vida dedicada a la filosofía, centró gran parte de su trabajo en el concepto que él mismo desarrolló: modernidad líquida. Esta idea, que recogió en su publicación Vida Líquida publicada en 2005, supuso una nueva forma de ver el mundo y la forma en la que la sociedad actual se desenvuelve en él, de manera vertiginosa y hostil dentro de un continuo devenir.

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Vida Líquida fue escrito por este trascendental sociólogo polaco. En él, se concebe un nuevo planteamiento del mundo absolutamente líquido en el que, efectivamente, vivimos. Todos somos parte de esta cultura y sociedad, somos miembros líquidos con vidas líquidas. Eso es lo que Bauman nos quiso dejar claro para hacernos entender en última instancia, la vida.

     Su gran obra nos hace saber el por qué de la situación que la sociedad viene atravesando desde hace años. La vida líquida es un hecho o un fenómeno relativamente reciente. Si echamos un vistazo atrás y tratamos de comparar el estilo de vida que se lleva en la sociedad contemporánea del siglo XXI que atravesamos, con la vida que se tenía a principios del siglo pasado, encontramos un indiscutible cambio en todos los aspectos y sentidos de la vida. El sociólogo estudió la evolución de la sociedad en esos (históricamente breves) cien años. La transición entre la sociedad moderna sólida, y la sociedad moderna líquida actual. Esta desemejanza se da en los muchos aspectos que conforman la vida social del individuo y la sociedad en la que habita. Esta disparidad se da sobre todo a raíz de una palabra temida de la que huimos cada día; una palabra de la que, sin embargo, Bauman nos deja claro que no se puede escapar: inestabilidad.

Liquidiez

Zygmunt Bauman llama liquidez a algo que bien pudiera ser llamado inestabilidad, aunque cada expresión connota matices diferentes. La realidad es que no hay nada que vaya a estar acompañándonos para toda la vida. Somos presos de la liquidez, y debemos asumirla porque no nos podemos apartar de ella, dice. Pero no es todo tan drástico, la liquidez no solo pasa por los pilares que según nuestra cultura sostienen la vida (como el trabajo o las relaciones sociales, por ejemplo), también por lo más básico, y aquí entran en juego por ejemplo, las tendencias de consumo y la rutina del diario. Nuestra forma de comprar, de consumir, también está condicionada por la liquidez. Todo está sujeto a la vida de la sociedad moderna líquida: todo es líquido, efímero, fino, irregular, fugaz… porque nuestra vida, enmarcada en la sociedad moderna líquida, es así: es líquida.

     Es un buen momento, ahora que el mundo atraviesa una crisis de valores e ideología bastante significativa, para leer su obra. Buman realizó una afirmación que quizá resulte tan desmotivadora como cierta: señala que «nada de lo que hayas realizado en el pasado tiene por qué asegurarte el futuro». Hoy en día, no nos podemos agarrar a nada, porque lo que hoy es, mañana deja de serlo. En eso se ha convertido la sociedad, en un inmenso mar líquido en el que nadamos creyendo tener un rumbo fijo, pero en el que la inestabilidad del agua y la tempestad nos puede asediar en cualquier momento para hacernos llegar al sitio en contra del cual nadábamos.

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