El Teatro Real ofrecerá nueve funciones de ‘Gloriana’

Se realizarán entre los días 12 y 24 de abril

 Benjamin Britten compuso esta obra para celebrar la coronación de la reina Isabel II de Inglaterra


La ópera Gloriana se estrenó el 8 de junio de 1953 en Londres. Al Covent Garden, donde se representó por primera vez, acudió toda la realeza europea, que fue testigo de un estrepitoso fracaso. La ópera refleja con crudeza un oscuro episodio de la vida de Isabel I, una reina distraída por sus sentimientos y pasiones, una reina ‘demasiado humana’. 

La crítica castigó a Britten sin compasión, no gustó nada ver a la mítica ‘reina virgen’ renacentista enamorada del joven (y casado) conde de Essex y actuando con ira, celos y despecho, o despojada de su peluca en la intimidad de sus aposentos. Aquel desliz lo tuvo en edad avanzada y en el apogeo de su reinado, en que florecieron figuras como William Shakespeare, Francis Bacon o Christopher Marlowe. El libreto supuso un enorme choque para los asistentes.

Maqueta de la puesta en escena de Gloriana

Después de un largo letargo, y ya alejada del contexto social de entonces, Gloriana va poco a poco imponiéndose en la programación de los teatros. Su posterior éxito reside en la calidad musical y dramatúrgica, que alterna momentos de magnificencia operísitica casi verdianos con escenas de intimismo. La orquestación está llena de evocaciones de la música renacentista, sobre todo de Purcell. La trama bebe del teatro shakesperiano.

Primera vez en Madrid

Gloriana se representará por primera vez en Madrid, bajo la batuta de dos prestigiosos directores británicos muy conocedores de la obra de Benjamin Britten: David McVicar, director artístico; e Ivor Bolton, director musical. El elenco lo encabezan las sopranos Anna Caterina Antonacci y Alexandra Deshorties, que estarán secundadas por un reparto muy coral y acompañadas por el Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real y los Pequeños Cantores de la JORCAM.

Para esta nueva producción Robert James ha concebido una escenografía depurada y conceptual, en la que brilla el rico vestuario isabelino diseñado por Brigitte Reiffenstuel, que asume un carácter casi escenográfico. La ópera reflejará así, en la escena, la osmosis que traspasa también toda su música, escrita en el siglo XX, pero impregnada de olores y colores renacentistas.

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