Introducción al aprendizaje

· GUILLERMO RÍOS | Madrid ·

Aprender es uno de los fundamentos básicos que suceden a un uso específico de la técnica, dirigida así a una dinámica de conocimientos. De los conocimientos podemos concebir conjuntos de saberes reforzados en un marco temporal prolongado. De la misma forma con la que un bebé aprende a caminar, consolidamos esa sapiencia a lo largo de nuestra existencia como una estructura cuasi intuitiva (ya dada).

Los saberes son tan amplios y diversos como los modos culturales que nacen alrededor de ellos. En cierto modo, es patente que nuestra cultura orienta, también,  la moral o mentalidad bajo ciertos patrones: actos o comportamientos aceptados o rechazados por el grupo social. El conocimiento y los métodos de aprendizaje se ven impregnados por estos modus operandi de la cultura. Bien es cierto que nos podemos deshacer de estas estructuras socio-culturales consumándonos con otras: ya sea por oposición a la imperante (contra-cultural) o por habituamiento en otros países (migración cultural).

Los saberes son tan amplios y diversos como los modos culturales que nacen alrededor de ellos

Nadie duda de que somos ‘’sapiens’’ (además de seres auto-conscientes), capaces de configurar la realidad y las experiencias de manera sistemática o metódica. No obstante, hacemos uso de aquello a lo que llamamos razón con un lenguaje o idioma determinado. Incluso podríamos atrevernos a decir que el uso de ciertas lenguas ordena un proceder particular de la inteligencia. Honestamente, es un tema en el que todavía no quiero ahondar. Tampoco hay que olvidar el lenguaje no verbal y sus implicaturas en las culturas del mundo, pero insisto: en otro momento lo analizaremos en bosquejo.

Utilizamos el lenguaje como un constructo social (convención), enfocado a un entendimiento conceptual de la realidad sensible (física). El lenguaje en sí mismo es un complejísimo proceso de abstracción mental, articulado a través de dos unidades mínimas: significantes (fonemas) y significados (morfemas). En términos lingüísticos, toda lengua se configura gracias a este intercambio de unidades básicas, proyectadas entre interlocutores en un espacio y contexto particular. Ahora bien, ¿el lenguaje es, por tanto, un sistema limitador de nuestra realidad? En cierto modo sí, pero no del todo. La naturaleza del lenguaje se constata como un ente vivo, dotado de una conciencia que las personas le imprimen a esa lengua particular. Así pues, su ser también tiene ese cariz dialéctico que le hace avanzar a lo largo del transcurso de la historia: con sus altibajos y vicisitudes.

Si el lenguaje actúa como limitador de la realidad, ¿no sería contradictorio que se defina como sujeto dialéctico a la vez que limitador/determinado? Entendiendo, a mi juicio, algo determinado o limitado como un ente totalmente hierático, yerto y mesurable; frente a la forma dinámica de lo que supone la dialéctica auto-poiética. Entendiendo, a su vez, la auto-poesis como la creación de conceptos lingüísticos en tanto evolución y mutación de la physis (naturaleza) y, por ende, la limitación lingüística de esta.

Por otro lado, veo necesario plantear otra idea en relación a lo dicho: si este lenguaje se ve determinado por las condiciones materiales en las que el individuo se recrea y relaciona, ¿cómo podemos definir el significado de un concepto que, a priori, carece de expresión fonética (palabra) en nuestra propia lengua? Un claro ejemplo de ello sería el uso de los anglicismos como constructos que se introducen en un lenguaje, el cual no tenía una designación para esa realidad.

La práctica comunicativa de otras lenguas facilita y amplia nuestras capacidades de percepción

¿Son malos o perniciosos el uso de estos conceptos? Para un lingüista conservador y defensor de su lengua materna le parecería un sacrilegio usar términos como speech en vez de discurso. Aunque más sacrilegio me parece a mí que la RAE acepte escribir güisqui en lugar de whiskey… En fin, en otro momento se podría debatir sobre si hay que respetar el uso textual de los anglicismos o se tiene que adaptar a la lengua que viene a ser introducida.

Si algo se puede clarificar de todo esto es el hecho de que el conocimiento y la práctica comunicativa de otras lenguas facilita y amplia nuestras capacidades de percepción de nuevas realidades sociales, culturales, políticas…. Por tanto, creo más que un menester, una obligación moral y de conciencia ciudadana apelar a la apología del trilingüísmo como principio educativo básico de cualquier país. No sólo por su función utilitaria, sino como parte esencial del discernimiento humano en su dimensión más holística. Una lástima que España se sitúe por debajo de la media de países de la UE que hablan correctamente inglés, ¿no?…

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