José Miguel G. Cortés, director del IVAM: «La función del museo es crear los mejores proyectos educativos y culturales para que la gente se interese por el arte»

ANDREA FARNÓS | València

• El IVAM celebra su treinta aniversario por todo lo alto


Fotografía de José Miguel G. Cortés © Europa Press

Cuando el IVAM abría sus puertas al público en 1989, se producía un hecho histórico. El primer museo de arte moderno en España se asentaba en la ciudad del Túria, en la base de una cultura mediterránea que ansiaba explorar los nuevos campos artísticos tanto de autores locales como extranjeros. 30 años han pasado desde su inauguración y todos los cambios históricos y culturales sucedidos en este tiempo se han visto reflejados en el museo. Desde 2014, el IVAM es dirigido por el historiador del arte, comisario y crítico español, José Miguel G. Cortés. En una situación delicada, Cortés consiguió aumentar con creces las visitas al museo con un presupuesto alejado de las necesidades de una institución como el IVAM. Un soleado jueves por la mañana en la ciudad de València, el director recibe a Conciencia Cultura l en su despacho del IVAM. En relación con la celebración del treinta aniversario del museo, Cortés nos cuenta sus intenciones de cara al futuro, cómo afrontó el reto laboral que suponía convertirse en director del IVAM y muchas curiosidades más sobre el museo.

Pregunta: ¿Qué diferencia el IVAM de hace 30 años del IVAM actual?

Respuesta: Un museo; sea el que sea, tiene que estar analizado en su contexto. La España de ahora no es la España de hace 30 años. Ha cambiado tanto el concepto de arte como la visión que tenemos de las relaciones personales, sociales, políticas…Tenemos preocupaciones que antes existían pero eran menos importantes: cuestiones ecologistas, de género, el movimiento feminista…Por tanto, creo que lo primero que debemos hacer es contextualizar las cosas. En aquella época se crea un IVAM con un gran soporte político y económico, y era el primer museo de arte moderno que se creaba en España.  Hoy tenemos una crisis económica muy importante que está mermando los presupuestos económicos de todos los museos, y también del IVAM. Ha sufrido un declive económico profundísimo en estos 30 años. El IVAM tenía 15 millones de euros en un momento determinado y cuando yo llegué, tenía cinco. Además, cuando se creó, se inauguraron dos sedes. El Centro Julio González en el que estamos actualmente y el IVAM centro de el Carmen. Este último se desprendió del IVAM. Es decir, el museo ha tenido una serie de transformaciones importantes. Todo eso hay que tenerlo en cuenta para abordar el tema.

Como todos los museos e instituciones culturales, ha tenido momentos mejores y momentos peores. Diferencias entre el IVAM de antes y el IVAM de ahora hay muchas, pero a mi me llama más la atención fijarme en lo contrario: las coincidencias que se dan 30 años después. Yo creo que hay un momento cultural, político y sociopolítico muy similar. Nos encontramos con una sociedad que reivindica el papel de la cultura en el sentido más amplio del término. Un Gobierno de la Generalitat que reivindica el papel de la cultura. No digo que todo lo esté haciendo bien, pero tiene interés en la cultura y en concreto en el IVAM, al que apoya de una forma evidente. Por ejemplo, los presupuestos. Cuando llegué en 2014 el presupuesto era de 5 millones, ahora en 2019, tenemos 9 millones de euros. Esto era impensable. No es el presupuesto que tendríamos que tener pero el vuelco es enorme. Eso se demuestra. Y luego hay una cuestión muy importante y también una gran coincidencia: sabemos dónde queremos ir. Sabemos qué queremos ser de mayores.

P: ¿Qué queréis ser de mayores?

R: Tenemos un proyecto específico para el museo. Cuando me planteé presentarme a concurso en 2014 tenía algo claro: el IVAM, si yo ganaba, no podía ser un museo más. Una de las grandes lacras que tenemos en el panorama cultural es la tendencia a la homogeneización cultural. Eso está en otros aspectos, todos vestimos más o menos igual, vemos las mismas películas, las mismas colecciones y mismos artistas…yo planteaba que el IVAM debía tener una identidad. Todos necesitamos una identidad, desde las personas hasta los museos…algo que hable de nosotras y nosotros. Que aportemos algo específico, no se trata de sumarte al carro de qué es lo que se lleva o lo más popular. Eso es muy fácil. La cuestión es, ¿tú qué tienes que aportar? Para esto, lo primero que hay que hacer es definir qué es el IVAM, de dónde viene y dónde está. El IVAM es un museo que está en València, volcada al mediterráneo con una vinculación directa durante siglos con unas tradiciones concretas. Metafóricamente, pertenecemos a “el sur”. “El sur” es un conjunto de planteamientos tanto geográficos, culturales, sociales y personales; que generalmente han estado olvidados. Siempre miramos al norte, parece que de ahí viene todo lo bueno. El sur está olvidado como zona geográfica que no aporta demasiado, que es caótica, sucia, con gente poco de fiar y poco trabajadora…

P: Eso también se cree por cuestiones históricas…

Evidentemente. Es decir, se han vanagloriado de esta cuestión. Hay que reivindicar el sur, estar orgulloso de dónde eres y saber cuáles son tus raíces. Nuestras raíces árabes, judías, vinculaciones con el mediterráneo, con una ciudad relacionada con el comercio, etc. Esto no solo sirve para una cuestión geográfica y social, sino también para reivindicar una visión mediterránea del mundo, si es que existe. Reivindicamos una visión, junto con ese sur geográfico, otros “sures”, como el tema del feminismo, la batalla de los géneros…es decir, planteamientos o discursos que han sido poco considerados. Una de las grandes preocupaciones del IVAM es dar la voz a determinados sectores que fundamentalmente no la han tenido. La comunidad artística de València y el Mediterráneo tenemos cosas que aportar: eso es lo que queremos demostrar. 

Entrevista a José Miguel G. Cortés.

P: ¿Crees que la población valenciana y española es realmente consciente del valor tiene el IVAM?

R: Volvamos al contexto. No nos olvidemos del país en que vivimos. Miremos los indices de lectura, asistencia al teatro, danza…nadie. No, la gente no es consciente, tenemos que ser realistas. No podemos crearnos espejos y espejismos. Vivimos en un país que culturalmente no está muy preocupado y que políticamente no se potencia esa cultura. Me refiero a todas las expresiones culturales: libros, películas, museos, todo. No forma parte de nuestras necesidades. Generalmente los políticos no acuden a museos, a las librerías o al cine. El IVAM, en esa situación de poca conciencia global de la gran importancia que tiene la cultura, sí tiene un buen nombre. Pero es como todo, no te puedes conformar. Cuando vas en bicicleta y dejas de pedalear, te caes: aquí ocurre lo mismo. El museo tiene que estar constantemente pedaleando, mostrando que hace grandes exposiciones, que tiene una buena colección, que es un museo enraizado al lugar donde vive y que se preocupa por su entorno. No vivimos en una torre de cristal pensando en la inspiración artística. Nosotros queremos intervenir en los debates culturales y sociales. Queremos ser una parte activa de la transformación del mundo. Nuestra función es decirle a la gente que las imágenes, sea del tipo que sea, nacen en un contexto determinado, tienen contenido social, político, y no son inocentes. Buscamos que cuando las personas visiten el museo, salgan más ricos de lo que han entrado.

P: Se están llevando a cabo muchas exposiciones, eventos y actividades especiales por el 30º aniversario. ¿qué se pretende conseguir con esta gran celebración?

Aunque te parezca paradójico, para nosotros el 30º aniversario tienen que ser todos los años. Es verdad que hemos puesto más carne en el asador, haremos exposiciones más importantes con mayor cantidad de dinero con un esfuerzo por parte de toda la plantilla del IVAM muy considerable. Queremos una excusa para situar al museo donde creemos que se merece. Antes hablábamos del sur y del norte, pero aquí pasa lo mismo. Para que en Madrid oigan lo que pasa en València hay que hacer un esfuerzo muy grande; “las cosas importantes pasan en Madrid”. Eso no puede ser así, queremos que todo el mundo sepa que tenemos cosas interesantes que decir y que lo hacemos igual de bien o mucho mejor que otros. Vamos a hacer actos pero no “cualquier tipo de actos”, no los hacemos para que venga mucha gente. Los hacemos porque entendemos que todas y cada una de las actividades que vamos a hacer, responden a todo el programa trazado. Planteamos exposiciones de arte moderno con exposiciones de contemporáneo, actividades de artistas locales con extranjeros, individuales o temáticas, de hombres y mujeres… Exposiciones importantes porque plantean debates sobre temas de actualidad que interesan a mucha gente. El año pasado tuvimos una exposición llamada “rebeldía” sobre el feminismo en los países árabes. Eso llama la atención de gente interesada en feminismo, en arte, en el mundo árabe…llamamos a un conjunto de gente que vea que en el IVAM estamos interviniendo en debates culturales. Queremos plantearnos como un lugar de debate, conocimiento y también de disfrute. La cultura y el arte no están reñidos con las satisfacciones personales. Ni el «saber cada vez más» tiene que tener una cosa aburrida o monótona.

P: Quizá el problema es que a día de hoy se siga considerando el tema del disfrute artístico como algo muy elitista…

R: Te diría más. Sectores importantes del mundo del arte, literatura y cine han propiciado esta cuestión. Estamos equivocando el tema , el problema no es lo que haces, sino cómo haces lo que haces. Tú puedes crear una novela fantástica sobre el tema que tú quieras, pero depende de cómo lo hagas, puedes hacer que la gente disfrute y aprenda con ella o que solo cuatro aparentemente muy inteligentes la entienda. La función de un museo es no bajar el nivel, sino poner los medios para que las personas desde 4 a 94 años puedan llegar a aceptarlo. No todo, por supuesto, pero que puedan llegar a disfrutar del museo. La función del IVAM es acoger a todas esas personas, hacerlas sentir cómodas y bienvenidas. Aquí se les habla a todas: cada una a su nivel, a su lenguaje y a su historia.  Es ir haciendo un museo, escuchando lo que tienen que decir los niños de un colegio, loa especialistas en arte y la gente mayor. La idea de museo como «lugar silencioso» tiene que desaparecer. El museo tiene que ser un lugar vivo, atractivo, dónde pasan cosas y la gente discute. Un museo es más un foro de debate y difusión que un lugar oscuro.

P: Eres seleccionado como director del IVAM en 2014 cuando el museo se encontraba en un momento delicado, ¿cómo afrontas esta situación ?

R: Siempre he intentado hacerlo todo lo mejor posible. Cuando hay un alto nivel de prestigio, de presupuesto, de complicidad con los políticos y de gente comprometida con su trabajo, las cosas salen bien.  Te permite centrarte en lo importante: la función del museo es crear los mejores proyectos educativos y culturales para que la gente se interese por el arte.

P: ¿Cómo ha cambiado el IVAM desde tu llegada a la dirección?

R: Lo más relevante fue dotar de seriedad a un museo que era un navío perdido. Esto es más común de lo que pensamos. Pocos tienen un proyecto claro y definido como tiene el IVAM. Un museo no es comprar obras y hacer exposiciones, sino tener un plan acorde a nuestros valores. Tenemos que hacer cosas que vayan en ese proyecto. Dar línea de trabajo y justificar las cosas que hacemos. Hemos consolidado un museo como referente nacional. Empezamos a tener cada vez mas renombre a nivel internacional. Como muchas cosas, no se consiguen para siempre. Hay que lucharlo día a día, un constante esfuerzo por mantener al IVAM arriba, haciendo un trabajo con una identidad y con cosas que decir. Se necesita seriedad, trabajo, conciencia, una identidad específica y un proyecto definido.

P: En la exposición de “Tiempos convulsos”, el 50% de las obras son de hombres y el 50% restante, de mujeres. ¿Considera que el IVAM está comprometido con la desigual de género?

Mona Hatoum. © IVAM

R: El IVAM está comprometido, pero siempre se puede hacer mejor. Las palabras son importantes, pero más son los hechos. Muchos museos cogen exposiciones de mujeres de forma temporal y no para la colección. Desde que estoy aquí trabajamos para que la presencia de mujeres sea la misma que la de los hombres, tanto en exposiciones temporales como en compras para la colección. El año pasado compramos 18 artistas, 10 mujeres y 8 hombres. Pero no se hace porque entendemos que tenemos que hacerle un favor “a las pobres mujeres” que nadie hace caso, sino porque entendemos que hay un conjunto de mujeres, nosotros centrados en el área mediterránea, que tienen mucho que decir. Por ejemplo, el Premio Julio González 2020 se ha entregado a una mujer (Mona Hatoum). La primera vez que esto ocurrió fue en 2018 con Annette Messager. Hasta la fecha, todos habían sido hombres. Esto son hechos. Claro que seguimos cometiendo equivocaciones. Muchas veces hay cuestiones que no puedes hacer. Si, por ejemplo, la colección es de 10.000 piezas y 8.000 son de hombres, yo no puedo en un año ni en dos igualar eso. Necesitamos otros 30 años para conseguirlo. Por eso somos constantes y estamos trabajando en ello, con una presencia de las mujeres real y no solo de palabra. Hay multitud de mujeres artistas que tienen mucho que decir. Eso hay que sacarlo a la luz y darles voz. 

P: Hace unos meses se llevó a cabo una colaboración con el Museo de Bellas Artes de València. ¿Cómo fue esa experiencia?

La colaboración con diferentes museos es algo que nos hemos planteado siempre. Este año tenemos tanto colaboraciones locales (con el Ayuntamiento de Xàbia o la UPV) como internacionales (con el Tate en Reino Unido o con Lisboa y Marsella). Pero tampoco vamos a colaborar por colaborar, sino considerar si hay un proyecto interesante y si hay una institución seria detrás. Las cosas no hay que forzarlas, pero si el proyecto es bueno, adelante con él.

P: ¿Hay alguna colaboración que no se haya podido dar todavía?

Hay miles de artistas con quien nos gustaría trabajar, siempre que sean serios y con un programa coherente. Lo que no vamos a hacer es colaborar solo por “hacer cosas”. Mimamos cada proyecto e intentamos que sea lo mejor posible: sólido y atractivo. Más vale hacer poco e intentar hacerlo bien, que hacer sin saber muy bien porqué.

Deja un comentario