Justicia Por la Paz propone soluciones

 · ANDREA FARNÓS | Madrid ·

La Universidad Rey Juan Carlos acogió el pasado viernes el foro Nuevas Propuestas para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio. La jornada, organizada por la Embajada Mundial de Activistas por la Paz (EMAP), contó con la participación de importantes cargos ejecutivos, docentes y especialistas en el terreno internacional.

         El objetivo del Foro Judicial no era otro que plantear iniciativas que erradiquen el odio y discriminación al que se ha enfrentado nuestro planeta a lo largo de la historia, con el eterno propósito de alcanzar la todavía utópica Paz Mundial. Ponentes como el Presidente Ejecutivo de la EMAP, William Soto Santiago, declaraba que ‘el silencio nos hace cómplices de la atrocidad genocida.’ El argumento despertó a los presentes de su actitud pasiva, advirtiendo que ‘no hacer nada’ únicamente promueve las masacres humanas.

           Si de algo peca el ser humano es de su peculiar capacidad de repetir cual papagayo sus deseos e inquietudes, y limitarse a esperar que sus propósitos caigan del cielo. Cierto es que la escasez de hechos pacíficos a lo largo de la historia dificultan el camino hacia el exterminio de la guerra y la democratización, pero el deseo de cambio sin acciones justificadas hacia ese objetivo, tampoco colabora. La constante caída en conflicto aparece como el eterno retorno de Nietzsche, causando cada vez consecuencias más trágicas. El Magistrado del Consejo Superior de la Judicatura en Colombia, Eyder Patiño, profundizaba en la necesidad de no cometer los mismos errores, pero la eficacia de las instituciones destinadas a este campo, hoy se pone en duda. La Corte Penal Internacional, aprobada en el Estatuto de Roma de 1998, cuenta con determinadas limitaciones de actuación en conflictos como el terrorismo.

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas cuenta con cinco miembros permanentes con determinados privilegios. En el momento de su creación, llevada a cabo por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y en un período histórico de desconcierto y miedo permanente, podrían justificarse estas peculiares características . Pero, ¿es, a día de hoy, necesario que existan tales como el derecho al veto? La pregunta fue lanzada por la moderadora, Erika Torregrossa,  para algunos de los ponentes. El Magistrado del Tribunal Supremo de España, Joaquín Giménez García, argumentaba que el denominador común de las instituciones internacionales, no es más que la prevalencia de la dignidad del ser humano. De ser esto cierto, la estructura actual del Consejo de Seguridad debería verse modificada, no solo por la existencia de los privilegios mencionados anteriormente, sino por la ausencia de representación de importantes nacionalidades. Brasil, la India o Japón no son más que algunos ejemplos que evidencian la escasa heterogeneidad de sus componentes, teniendo además en cuenta que la CPI no cuenta con ningún país del continente africano.

         Por su parte, el Director del Centro de Estudios de Derecho Internacional Humanitario de la Cruz Roja Española, José Luis Rodríguez Villasante, daba una vuelta de tuerca al debate. ¿Ayudaría realmente la implantación de nuevas leyes democráticas a la pacificación de los conflictos internacionales? Rodríguez Villasante apuntaba que ‘no faltan normas, sino la voluntad de cumplirlas’. La falta de compromiso de los estados miembro dificulta el proceso, pero lo que verdaderamente lo perjudica es la dejadez de cada uno de nosotros. 

En definitiva, la jornada sirvió para comprender las posibles soluciones y modos de conducta que deberá de llevar a cabo el ser humano para extinguir los grandes conflictos internacionales. Las opiniones de los ponentes eran muy variadas, pero si hay algo que tenían en común, era el objetivo de alcanzar en el futuro un planeta seguro enmarcado en el lema de la paz.

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