17 de mayo: Día internacional contra la homofobia

· RAÚL RODRÍGUEZ | Madrid ·

La  comunidad   LGTB   (gais,   lesbianas,   transexuales   y   bisexuales)   está   viendo incrementar  el  número  de  agresiones  homófobas  desde  que  comenzó  el  año  en  la Comunidad Autónoma de Madrid. Se han realizado más de 200 denuncias desde  enero. Esto contrasta con los datos proporcionados por el Ministerio del Interior de delitos    de odio de los últimos años, que suman 23 denuncias en 2014 y 60 en 2015. Según la organización Arcópoli (asociación de defensa de los colectivos LGTB), esto supone que de media ocurre una agresión cada poco más de dos días. La Delegación del Gobierno en  Madrid  y  la   Fiscalía  de  Madrid  aseguran  que  están  luchando  con  todas      las herramientas que están a su alcance.  La Comunidad de Madrid ha puesto a   disposición de sus ciudadanos un número de teléfono destinado a las víctimas de estos ataques. Psicólogos, trabajadores sociales y abogados forman el equipo de ayuda que ofrece  este servicio.

     España destaca internacionalmente por ser uno de los países donde la homosexualidad  está  más  aceptada  por sus  habitantes.  Además, Madrid celebra cada año una de las mayores festividades homosexuales del mundo, el llamado Orgullo  Gay, que reúne a millones de turistas en la capital durante estas fechas. Sin embargo, la capital también reúne el mayor porcentaje de agresiones homófobas del país. Según   un estudio realizado por la COGAM en 2008, un 31% de la población homosexual de la comunidad afirma haber sufrido la homofobia en primera persona. Los protagonistas  de estos casos de odio homosexual deciden contar su historia.

Jorge, 19 años

La  agresión  198  del 2016  en Madrid  la sufrió  Jorge,  un  chico madrileño de 19 años. Sucedió el primer viernes del pasado mes. Cuando Jorge salía de la discoteca en la   que había  pasado  toda  la  noche,  tuvo  lugar  el  percance.  “Cuando  la  discoteca   estaba cerrando, ocho chicos que estaban en la salida, se acercaron con la excusa de pedirnos un  cigarro.  Yo estaba  solo  con dos  amigas.  Comenzaron  a  vacilarnos,  y al  ver que pasábamos de ellos comenzaron a insultar. Me llegaron a preguntar si era un chico o una chica, y más tarde comenzaron los empujones. Uno de los porteros de la discoteca se acercó para que nos dejaran en paz y hubo una pelea entre los chicos y varios porteros y finalmente todos acabaron detenidos. Yo decidí denunciar, y estamos en trámites de juicio.  No  soy  la  víctima  número  198  de  este  año,  soy la  agresión  198 registrada. Muchos deciden no denunciar, y de esos casos no queda constancia, pero existen.” Además, Jorge reconoce ver homofobia en su día a día. “En mi propia universidad también  hay  homofobia.  Hace  unas  semanas  hicieron  una  pintada  en  uno  de    los edificios de la facultad con insultos hacia el colectivo.”

Miriam y Patricia, 20 años

El caso de Miriam demuestra que el odio hacia los homosexuales no solo existe por la noche, también está presente en la calle. “Una tarde en la estación de Atocha mi novia y yo nos dimos un abrazo. Un hombre alto, fuerte, calvo, vestido con chaqueta de cuero  botas de punta de hierro se acercó a nosotras. Comenzó a gritarnos cosas como ‘bolleras de mierda’, ‘enfermas’, ‘que asco dais’, ‘os van a matar’ y ‘ojalá os muráis’”. Sin embargo, Miriam y Patricia han vivido situaciones similares en más  ocasiones. “Otro día estábamos las dos en Embajadores dándonos un beso por la noche. De repente empecé  a  escuchar  mucho  ruido.  Cuando  me  fijé  en  la  acera  de  enfrente,  vi   una furgoneta con cinco chicos latinos. Nos estaban gritando cosas como ‘vaya   desperdicio de mujeres’, ‘a ver si encontráis un bue hombre que os haga eso’ o ‘venid aquí que os enseñamos’. Patricia me tuvo que sujetar debido a la    rabia que me supuso oír esa clase de comentarios. Al llegar a casa me puse a llorar de la impotencia.”

Juanma, 19 años

Los madrileños no son los únicos que sufren agresiones homófobas. Juanma es un chico gallego  que  se  mudó  a  Madrid  hace  unos  años  para  poder  estudiar,  y  también ha conocido el odio hacia la comunidad LGTB en la capital española. “Solo he vivido  una agresión homófoba con violencia. Hace dos años, en Semana Santa de 2014. Yo tenía 17 años y mi pareja 20.  Mi novio había venido desde Galicia y decidimos salir de fiesta con mis amigos. En la discoteca, decidimos salir a tomar el aire. Estábamos solos apoyados en una pared. Había un grupo de seis chicos que empezaron a hacernos  burla, abrazándose entre ellos y a darse besos. Mi primer pensamiento fue empezar a correr ya que preveía que iba a pasar algo. Aun así decidí quedarme. Hice mal. Se acercaron más, hasta que nos empezaron a dar empujones y golpes. Yo me cabreé y me enfrenté a   uno de ellos. ‘A mí no me toques maricón’ fue la respuesta que obtuve. Me cogieron por los brazos entre dos chicos, me levantaron y un tercero me dio un puñetazo. Me partió un diente. Fue traumático ya que la gente estaba presenciando la escena y nadie se acercó  ayudarnos. Llamé a la policía, y no solo no hicieron nada al desconocer la identidad   de los chicos, sino que ni siquiera nos llevaron al centro de salud. Decidí no denunciar,   ya que había visto que no podía hacer nada”.

Mía, 18 años

Sin embargo, no todo son agresiones físicas. Mía nació en Madrid, aunque ha vivido siempre en Málaga. Ha vuelto a la capital  para estudiar una carrera universitaria. Reside en un colegio mayor dirigido por monjas, y la homofobia la sufren a diario ella y tres compañeras más. “Directamente nunca nos han dicho nada, pero sí sentimos cierto rechazo  por  el  resto  de  chicas  de  la  residencia.  Nos  tratan  distinto.  Durante    una temporada ni siquiera bajaba al comedor, debido a las    malas miradas. También hemos notado que nuestras salidas y entradas al edificio están más vigiladas que las del resto. Además, no nos permiten subir cierto contenido con carga homosexual a redes   sociales como  puede  ser  una  foto  dándome  un beso  con  otra  chica,  ya  que  las  monjas nos llamarían la atención. Esto ya ha pasado.”  En estos casos las familias son un gran apoyo para la persona discriminada. Sin embargo, Mía no tiene esa suerte. “Con mi familia he tenido problemas debido a mi orientación sexual. Hace tan solo dos semanas decidí contare a mis padres que soy bisexual. Desde ese momento mi padre me ha retirado la palabra. No sé nada de él desde ese momento.»

Deja una respuesta