La homofobia volvió a atacar al arte

Rusia, país cuyo presidente ampara los asesinatos a homosexuales en Chechenia, vuelve a estar en el punto de mira. El histórico Teatro Bolshoi de Moscú canceló este lunes el estreno del ballet biográfico de Rudolf Nureyev. En la noche de hoy, se debería alzar el telón del Bolshoi para rendir culto al bailarín que huyó de Rusia por su condición de homosexual, a través de lo que de verdad amaba: la danza. Pero eso no pasará.

Rudolf Nureyev, uno de los bailarines más importantes del siglo XX, creció en la Unión Soviética de Stalin. Muy pronto comenzaría a ser perseguido por el gobierno. Con el paso del tiempo fueron revelados archivos secretos de la KGB que demostraban que el Primer Ministro Sovético Nikita Jrushchov, ordenó asesinarlo. La Rusia de hoy parece no ser muy distinta a la de Nikita Jrushchov.

El director del ballet nonato es Kirill Serebrennikov, el provocador cineasta que acostumbra a azotar al conservadurismo de la sociedad rusa con una inteligente y audaz crítica en sus películas. La versión oficial de la cancelación de la obra es que no se encuentra preparada, algo fuera de lo normal en un país que venera esta disciplina artística. Fuentes extraoficiales apuntan a presiones por parte del ministro de cultura Vladímir Medinski, aunque este asegura que «no se dedica a censurar».

La trama del ballet gira en torno a la historia de amor que Nureyev vivió con el también bailarín Enric Bruhn. El elenco bailaría desvestido frente a una fotografía del maestro también desnudo. No se puede negar que se trata de una apuesta que no gusta a todos en un país donde se persigue a los homosexuales por ley, donde el propio legislativo prohíbe incluso hablar del tema. Pero tampoco se puede negar que, mientras el país del este continúa censurando arte, el mundo mira desde la distancia sin hacer nada. Y no solo el arte, censuran la propia vida los ciudadanos que quieren amar libremente, como Nureyev hizo.

Es terrible ver como Rusia, que históricamente ha demostrado tener hacia el ballet esa sensibilidad que requiere cualquier disciplina artística, sigue agrediendo la libertad y el arte. Un país con una profunda tradición musical y de danza que a su vez acaba con exposiciones y obras artísticas desde la más profunda agresividad y violencia cuando consideran que atenta contra sus valores ultraconservadores.

Rudolf Nureyev se tuvo que ir de su país en 1961 porque quería ser libre, crear arte y sobre todo: vivir. Hoy, que los bailarines del Teatro Bolshoi tendrían que estar asistiendo a su ensayo general, la obra que dignificaba la figura de Nureyev no verá la luz. Han pasado 56 años desde que el bailarín ruso huyó de la muerte y el dolor, lo único que le quiso brindar su país. Nada ha cambiado.

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