Mariano Gómez, restaurador de Filmoteca: “No va a quedar nadie para enseñar a los que vengan”

· JORGE DÍAZ-SALAZAR | Madrid ·

Mariano Gómez es uno de los trabajadores del Centro de Conservación y Restauración de Filmoteca Española que lleva décadas preocupándose por preservar, restaurar y conservar el patrimonio cinematográfico español.


Miembro del departamento de investigación desde el año 84, ahora es uno de los pocos supervivientes que quedan en el oficio. Al poco de hablar, su entusiasmo se desvela, y me avisa seriamente de la magnitud del asunto. La sala en la que trabaja rebosa de luz y de silencio; el único sonido es el temblor de las persianas que se desplazan por el cristal. Las mesas a su alrededor están vacías de personas, como si la luz las hubiera extinguido. En cambio, hay latas por todas partes. Latas y materiales de películas que parecen dormir sobre las baldas, a la espera de que alguien las atienda. De momento, a falta de ayuda, Mariano dedica cada día a investigar en lo que puede. Su único anhelo es lograr que los laboratorios cobren vida y que el traqueteo del ir y venir de las películas vuelva a la realidad.


Pregunta: ¿Cuándo surge la idea de crear un Centro de Restauración?

Respuesta: Cuando yo llegué a Filmoteca, y todavía se hablaba latín en España, es decir, por el 80-85, ya había quien decía que a finales de año nos iríamos al edificio nuevo [antes en Tirso de Molina]. Y finalmente hemos llegado a este centro hace tres años, así que fíjate si viene de largo [risas]. Han sido muchos los años de espera hasta poder tener un edificio en condiciones. Al principio iba a estar ubicado en Ciudad Universitaria, pero por dinero y problemas administrativos no se llegó a concretar. Yo he llegado a conocer hasta cuatro maquetas diferentes.

P: ¿Y cómo fue la Filmoteca recuperando tanto material?

R: Digamos que Ramón [Rubio] y Alfonso [del Amo] fueron los socio-fundadores. En realidad, Ramón es uno de los culpables de que la filmoteca exista. Cuando él llego, lo que había era solo un puñado de latas debajo de una escalera. Y si tenemos este edificio es gracias a que Ramón nos lo ha llenado de películas. La Filmoteca nace para recuperar las cosas que se estaban perdiendo, dar a conocer a cineastas no muy conocidos y seguir las tendencias que había en el extranjero. Digamos que hay un punto de inflexión cuando esto se institucionaliza,y una de las personas que más empujan en ese punto, a efecto sobre todo de recuperación de materiales, es Ramón.

P: Además de películas, tengo entendido que preserváis otros materiales.

R: Ten en cuenta que esto es una filmoteca y, como tal, integramos todo lo que tenga que ver con el cine, incluyendo toda la documentación que se genera al hacer una película. La mayoría de moviolas que tenemos por aquí en realidad no las hemos comprado nosotros. Nos las han ido regalando las distribuidoras porque ya no se usan hoy. Todo esto también es material que forma parte de la historia del cine. Algunos están en los almacenes de lo que será el futuro museo y otras están aquí, sin usar.

P: ¿Qué ha ocurrido con el proyecto del museo?

R: Buena pregunta [risas]. Ha habido varias posibilidades de ubicarlo en un lugar u otro. Lo que más se habló hace unos años era de haberlo metido en las naves de la Tabacalera, pero tampoco surgió, básicamente, por problemas de la crisis.  Así que de momento no se sabe.

P: ¿Y dónde está todo el material?

R: Pues ahora tenemos parte en Alcalá, otra en Tirso de Molina, y la mayor parte almacenado. En Alcalá existen unas cuantas naves de titularidad estatal donde antes depositábamos muchas películas. Allí, al menos que yo sepa, sigue todo lo que no se encuentre en Tirso de Molina. En las instalaciones de Tirso tenemos una biblioteca, una fototeca, un laboratorio de fotografía, salas de visionado para investigadores, y una pequeñísima parte de los materiales del museo, que se exponen en unas vitrinas no visibles al público. Pero esto es solo menos del 5% de lo que tenemos, si es que llega. El resto está todo almacenado.

P: Es llamativo el número de trabajadores. ¿A qué se debe tan poco personal?

R: Pregúntaselo a los distintos ministros de cultura que en este país han sido. Porque, evidentemente, en cualquier otra institución cultural se sabe que un mínimo de relevo institucional tiene que haber. En el Museo del Prado también se quejan en ese sentido, pero bueno, ellos tienen la suficiente autonomía para poder funcionar y nunca se han quedado sin gente en un taller de restauración. Aquí estamos bajo mínimos. En el laboratorio no hay nadie, en este departamento soy el último que queda y en el laboratorio de restauración física solo hay una persona. Además, hace años que no se cubre ninguna plaza de los que se han jubilado. Reclamamos autonomía para poder al menos gestionar el personal. La cosa es que dependemos del ICAA, que a su vez depende del Ministerio de Cultura, y la autoridad sigue pasando de nosotros. Hemos formado a un total de 74 trabajadores y ninguno se ha podido quedar aquí, la mayoría termina en Zara o restaurando teselas en un mosaico.

P: ¿Por qué vuestra labor no se ve reconocida?

R: En España no es que venda mucho la cultura, en general. Pero tú hablas del Prado y la gente se persigna. En cambio, cuando dices que trabajas en la Filmoteca, incluso a gente de un nivel cultural medio-alto, lo primero que te preguntan es: ¿y ahí qué hacéis? Pues entonces, dime tú cómo le explicamos a la mayoría de la población “aquí” qué hacemos. Se pensarán que nos pasamos la vida viendo películas, lo que tampoco es incierto. Pero el oficio no consiste en ponerte detrás de una moviola para ver una copia de Star Wars. También hay que hacer informes, documentarse, restaurar, que además es un trabajo bastante laborioso. Por ejemplo, hace poco tuvimos a una chica que vino de la beca FormArte y se tiró ocho meses elaborando el guion de restauración de una película. Y aparte de que había dos rollos en mal estado, la película estaba mal montada. Aquí cuando se restaura un Velázquez sale hasta en los periódicos. En cambio, cuando estrenemos esta cinta en el Doré, irán los cuatro frikis de siempre y, con suerte, algún periodista despistado. Además, da igual que la película sea buena o mala, la cosa es que no trasciende…

P: Y el cine es más frágil que la pintura…

R: Hombre, tampoco es por comparar, pero, evidentemente, una película sí que es muy frágil. Tú tienes que tener en cuenta que una película está hecha para proyectar. Un proyector arrastra la película con unos engranajes que deben entrar en las perforaciones. En el momento en que la película no tiene las medidas suficientes, bien porque esté un poco contraída, porque tenga algún empalme suelto, o por alguna rotura en las perforaciones, corre el peligro de que esa película se rompa. Ya no es solo que sea frágil de por sí, que lo es, sino que la forma de poder ver una película no es la misma que al contemplar un cuadro. Tú el cuadro no lo tocas, la película sí. No es que sea más frágil, pero el uso no es el mismo.

Mariano Gómez durante la entrevista en el Centro de Conservación de la Filmoteca.

P: ¿Dónde se aprende este oficio?

R: Aquí. No hay ningún otro sitio en donde te lo enseñen.  Es más, mucha gente de otras filmotecas ha aprendido aquí. Conozco gente que está en la filmoteca suiza, en la francesa, en Brazil, Costa Rica, Argentina, Perú… En cambio, ninguno de los que han aprendido en Madrid han podido quedarse a trabajar. Y como de cinco a seis años nadie se decida hacer algo, no va a quedar nadie para enseñar a los que vengan después. Nadie.

P: Y siendo tan poco personal, ¿no se os acumula el trabajo?

Sí [risas]. Aquí, si Ramón no trajera ninguna lata más, hay trabajo para un par de generaciones. Y si ya nos metemos en restauración o por ejemplo en recuperación del color, que se estropea a los 25 años, quedarían todavía miles de películas. Nuestra prioridad ahora es trabajar con lo que corre más peligro. Y sobre todo el material español.

P: Ese laboratorio que veo apagado. ¿Ya no funciona?

R: El laboratorio de aquí ni se llegó a estrenar [risas]. En el que teníamos en Dehesa de la Villa hacíamos restauraciones de películas mudas, cine de los primitivos… Pero desde que no hay laboratorio ya no se hace nada de eso. Ha habido alguna propuesta para reanudarlo. Pero ya lo llevo oyendo desde hace tiempo, y como decía Santo Tomas, cuando lo vea me lo creo. Cuando este laboratorio lo vea abierto y, en vez de tener cosas acumuladas, haya gente trabajando, entonces, me lo creeré.

P: ¿Por qué es importante la autonomía para la Filmoteca?

R: Yo creo que aquí todos nos conformaríamos con poder gestionar el personal. Al tener que depender, tenemos que elevar nuestras necesidades a las autoridades competentes que, por el momento, se han mostrado bastante incompetentes. Lo que no sé es por qué formamos a nadie si luego no tienen ni la posibilidad de trabajar aquí. Ya no te digo solo en esto, pero es que incluso desde el punto de vista económico es absurdo.

P: ¿Y cómo conseguir esa autonomía?

R: Si aquí lo supiéramos alguno ya la habríamos conseguido, pero no ha habido manera… [risas]. No sé. No te puedo responder a eso. Llevamos más de 30 años peleando por ella. De nosotros no depende hacer el relevo generacional y de los que depende nunca se lo han tomado en serio. A mi gustaría conocer el futuro de la Filmoteca que ve el ICAA, porque saben la realidad cuál es. Mientras aquí no haya gente que sepa leer un negativo o las marcas marginales de una copia, esto será entonces un centro de conservación, pero no de restauración. Si no hay gente que sepa lo que es el cine, desde el punto de vista técnico, entonces que quiten el letrero de la puerta.

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