Paideía

· RAQUEL RUIZ | Valencia ·

Cuando Platón escribió ‘La República’, pretendía proponer un modelo distinto de organizar un Estado, basándose en la justicia y en la cooperación. Recordemos que esta nueva forma de organización estaría fundamentada en la división de la sociedad en tres eslabones: los trabajadores, los guerreros y los dirigentes. Estos últimos tenían por competencia garantizar el cumplimiento de la justicia y ‘el bien’. Es mejor que no indaguemos más sobre esta obra, pues, seguramente, acabaríamos cayendo en algunas ideas retrógradas y arcaicas propias de la Atenas de antes de Cristo, así que quedémonos con esta primera tentativa.

Fotografía | AFP ©

Hoy, venía pensando a cerca de la gran crisis social que, actualmente, está viviendo Europa. Sí, esa crisis social de la que todo el mundo se desentiende. De la que todo el mundo no tiene ni un minuto de sus ajetreadas vidas para informarse o solidarizarse del horror, la catástrofe y la barbarie que un número enorme de personas está, desgraciadamente, viviendo. Pero mi entrada no se va a centrar en el desconocimiento de la gente sobre el tema (porque, al fin y al cabo, la culpa es de la manipulación de los medios y de la poca conciencia social que crean los dirigentes políticos), sino en el poco corazón y en el alma deshumanizada de aquellos que trafican con las vidas de un país, como si fuera un regateo de mercadillo.

Ahora mismo, y desde hace unos meses, solo pienso en qué valores, creencias y principios mueven a estas personas que se atreven a decidir sobre qué hacer con la vida de esta pobre sociedad siria. En qué momento el ser humano tomó potestad para tachar de ilegal a unas personas cuya única intención es huir de la muerte. En qué momento se le puede negar a una persona intentar salvar su vida y la de su gente más querida. En qué momento se oscureció tanto el ser humano hasta el punto de poner más interés en el dinero que en ayudar al prójimo.

El acuerdo con Turquía establecido en 2016 es, posiblemente, uno de los pactos a nivel europeo más sucios, rastreros y deleznables de la historia social de este continente. Yo te pago una cifra X de dinero (que habría que ver de dónde sale) para evitar que ese “lastre” que está luchando por su vida llegue a mi bonito país. Qué mal, ¿no? Qué costoso tendría que ser acoger, todos los países de la UE, a un grupo de refugiados. Porque todos sabemos que el radical individualismo del capitalismo es lo que se lleva y, si yo no saco tajada de acoger a esta gente, ¿para qué lo voy a hacer? Y así, amigos, es lo que piensa el 75% de los políticos europeos que se reúnen para ver cómo pueden trastear para evitar, lo más posible, ayudar al pueblo sirio. ¿Y sabéis cuál es su truco? La islamofobia.

Fotografía | Bassam Diab ©

La islamofobia, para que nos entendamos, es como si estuviéramos echando una partida de póker en la que los dirigentes europeos tienen un 2, un 3, un 4 y un 5 de picas; el pueblo sirio una pareja de reyes; la sociedad europea se ha retirado de la partida y ¡oh! de repente los dirigentes europeos sacan un as escondido en la manga y ganan la partida. Así, el pueblo sirio podría haber ganado, pero como la sociedad europea, por no arriesgarse, se ha retirado y los dirigentes han hecho trampa, pues han ganado estos astutos líderes.

De tal manera, la estrategia de la UE ahora mismo es sembrar el miedo en aquellos que no tienen unas convicciones políticas muy bien fundamentadas. ¿Cómo? Muy fácil. Francia, con la ayuda de otros países como EEUU, arman a ejércitos como es el tan mencionado ISIS a través de la venta de armas a Arabia Saudí. Lo que pasa es que cuando te metes en terreno pantanoso (véase guerras ajenas a tus competencias), se crea cierto rechazo, aversión y, sobre todo, cabreo. Así es cómo ocurrieron atentados en París, Bruselas…etc. ¿Tienen que ver peras con manzanas? No, ¿verdad? Pues para los dirigentes europeos sí. La estrategia, truco, as en la manga de esta gente es generalizar los ataques de este grupo terrorista (cuyos fines son una locura y, de verdad, que cada vez que ocurren siento real pena) a la religión del islam que, casualmente, sí, coincide con la religión de los sirios. Recordemos el principio kantiano de A es B, y B es C, luego A es C, porque es el razonamiento que utilizan para crear miedo en la población.

El pueblo sirio no es el enemigo. No tiene la culpa de vivir lo que está viviendo. No es culpable de que se haya desatado una Guerra Civil en su país, y que esté destruyendo toda su historia a base de bombardeos. No. Son solo víctimas. Y los criminalizamos de la forma más horrible que se puede criminalizar a un ser humano: dando la espalda. Ellos, a parte del horror que es perder a tu familia, huir de tu hogar, etcétera , son víctimas de mafias que se aprovechan de la desesperación de esta gente, embarcándolos hacia lo desconocido y precipitándolos a una muerte segura: o bien de hipotermia, o bien ahogándose en el mar. Qué injusto es dar de lado a aquel que pide ayuda.

Así pues, si Platón levantara cabeza, no creería lo que está aconteciendo. El pueblo impasible sin luchar y las cúpulas de poder manejándonos cual titiriteros. Dirigentes, guerreros y trabajadores quería este filósofo en el mundo, pues bien; tenemos dirigentes y trabajadores, ahora lo que necesitamos es convertirnos en guerreros.

 

© Fotografía: Abdalrhman Ismail | Bassam Diam | AFP

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