Personas sin hogar: la situación de los más invisibilizados en la crisis del coronavirus

ANDREA FARNÓS | Madrid

El estado de alarma en España se prorroga dos semanas más. #QuédateEnCasa, te insisten. Por supuesto, nos quedamos. «Qué situación tan difícil», nos repetimos. Me incluyo; ansío salir a la calle. Pero este sentimiento no es más que una consecuencia de una situación de privilegio. ¿En qué casa se quedan quienes no tienen una? De las más de 31.000 personas sin hogar en España, son todavía muchas las que no han sido respaldadas ante esta situación extraordinaria. 

© Logo de Bokatas

Los estigmas respecto a las personas sin hogar continúan siendo uno de los factores principales de su deshumanización por parte de la sociedad. La falta de empatía e información colaboran con la persistente invisibilización de este colectivo. La relación estereotipada del consumo masivo de alcohol y drogas por parte de estos individuos es, generalmente, una consecuencia de su situación de desamparo en lugar de una causa.

La teoría de los «sucesos traumáticos» explica de manera sencilla los motivos por los que las personas sin hogar se encuentran en esta situación. Mientras que, de media, cada individuo sufre una media de 3 o 4 sucesos traumáticos a lo largo de su vida, las personas sin hogar pueden haber vivido hasta 8 en períodos de tiempo muy cortos (2 o 3 años). Esto, sin un buen respaldo psicológico, apoyo familiar o consideración ciudadana, puede desencadenar en la pérdida de la vivienda. 


Asociaciones involucradas

Ante situaciones como la que ha traído el COVID19, son muchas las personas que, debido al hacinamiento masivo en los centros de acogida (con medidas de seguridad nefastas, como veremos posteriormente), continúan pasando día y noche en la calle. Desde la asociación Bokatas han puesto en marcha las Rutas de Emergencia. Cada 3 o 4 días un voluntario sale a la calle para realizar las rutas que la asociación lleva a cabo diariamente. La intención es la de proporcionar alimentos básicos para los que no tienen acceso a centros de acogida. Esta labor es necesaria ya que han sido muchos los comedores sociales que han tenido que cerrar sus puertas.

«Nosotros todavía vemos entre 300 y 350 personas en la calle», nos cuenta la Presidenta de Bokatas, Esperanza Vera. «Dejamos de hacer rutas cuando se estableció el estado de alarma, pero fueron las propias personas quienes se pusieron en contacto con nosotros diciéndonos que pasaban hambre», continúa. Además, la desinformación es abrumadora. Desde Bokatas y otras entidades se encargan de facilitar información básica de medidas de prevención contra el virus. Pinchando aquí puedes colaborar con la compra de alimentos.

Centros de acogida: una situación insostenible

En cuanto a las medidas llevadas a cabo para la seguridad de las personas sin hogar, es más que evidente que la falta de recursos es un hecho en nuestro país. ¿Cuál es la situación real de los espacios  del Samur Social especializados en el cuidado y apoyo de estas personas?

Los centros de acogida de Madrid se han desbordado. A pesar de las recomendaciones del Gobierno de evitar el hacinamiento, el número total de usuarios y trabajadores de cada centro se ha incluso duplicado en algunos casos. Tal es así que varios miembros de diferentes centros redactaron una carta para el Defensor del Pueblo solicitando mejoras no solo en el bienestar de los usuarios, sino en las condiciones de trabajo. Uno de los centros de pernocta en concreto, específico para mujeres, está  preparado para albergar a 35 usuarias de noche. Desde las 8 de la mañana a las 8 de la tarde, 30 personas más acuden al centro durante el día y otras 20 han sido derivadas de otros espacios donde era imposible atenderlas debido a la congestión de gente. Esto suma un total de 85 personas en un espacio cerrado, sin patio y sin ventanas donde las distancias de seguridad son absolutamente imposibles de acatar. Para más inri, las usuarias de pernocta pasan la noche en una sala única de butacas con un antebrazo de distancia entre ellas. Teniendo en cuenta, además, la predisposición de estas personas de tener patologías previas, el riesgo de contagio y de diagnóstico grave al que están expuestos es muy elevado. 

En cuanto a la responsabilidad individual de salir o no de los centros, un integrador social explica que: «Hay de todo. Hay usuarias que se quedan confinadas y otras que salen. También es comprensible…llevan años solicitando un respaldo social que les ha sido negado y ahora es la sociedad quien les pide que actúen por el bien común».  Los empleados de los centros de acogida a los que hemos podido entrevistar han decidido no dar sus nombres por miedo a perder su empleo. 

Puerta Abierta y Campaña de Frío

Como vemos, y a pesar de la adaptación de un espacio en IFEMA y del Centro Polideportivo Marqués de Samaranch con capacidad para 150 personas cada uno, las medidas no abarcan la magnitud de las necesidades. Mientras, los centros especializados del sector se ven con el agua al cuello (Campaña de Frío, en Pinar de San José, se ha ampliado hasta el 31 de mayo en lugar de hasta marzo como es habitual). Faltan recursos y amplitud de espacios donde las personas puedan mantener las medidas de seguridad recomendadas. Por no hablar del dispositivo anti-contagio destinado al personal de los centros. «Las mascarillas son insuficientes…los EPIs son ridículos», asegura el mismo trabajador.

Puerta Abierta, también en Pinar de San José, es uno de los grandes centros de la Comunidad de Madrid junto con San Isidro y Luis Vives. Este espacio en concreto está acomodado para atender a 130 personas, aunque en la situación ante la que nos encontramos recoge a 147. «Puerta Abierta está mejor acondicionado que otros espacios.  Se dispone de infraestructuras para llevar a cabo una mejor prevención», nos responde una trabajadora de dicho centro.

Personas sin hogar siendo trasladados a Campaña de Frío.© JAIRO VARGAS

Cuando indagamos en Campaña de Frío (edificio contiguo a Puerta Abierta), la cosa cambia. «No se puede pretender que un dispositivo de emergencia  pase de la noche a la mañana a ser un dispositivo residencial. No se atiende a las necesidades de cada usuario como debería. Falta coordinación con los CAD (centros de atención a las adicciones) y los CAID (centros de atención integral a la drogodependencia). Además, duermen en habitaciones de mínimo 8 camas. Es imposible tomar medidas de seguridad en estas condiciones».

Son muchos los trabajadores e integradores sociales que tratan de hacer de altavoz de las exigencias que las personas sin hogar necesitan: «Desde el Ayuntamiento amplían Campaña de Frío, habilitan IFEMA y se lavan las manos pero no es suficiente». Además, varias personas sin hogar que presentaban síntomas de coronavirus fueron trasladadas a Campaña de Frío. Teniendo en cuenta la imposibilidad para habilitar zonas de aislamiento en dicho centro, el riesgo de expansión del virus entre individuos vulnerables ascienden.

El centro de El Pozo, una nave industrial en Vallecas, funciona como una segunda sede de Campaña de Frío. «Las condiciones son infrahumanas, están todos hacinados en 140 literas en las que no hay ni un metro de distancia entre ellas», declara una integradora social de dicho centro. 

Este tipo de espacios, que pertenecen al Samur Social, necesitan refuerzos ahora más que nunca. «Estamos hablando de la dignidad de los y las más vulnerables, personas que no son visibles en esta sociedad y que una vez más, las administraciones públicas dejan en el último lugar», expone la profesional. 

Desde dichos centros y asociaciones como Hogar Sí y Bokatas, solicitan la apertura de hoteles, hostales y albergues para evitar la situación de riesgo extrema a la que se exponen estas personas. Si bien es cierto que algunos hoteles han sido habilitados para acoger a individuos contagiados, no es suficiente para #FrenarLaCurva que, se supone, tanto nos preocupa. Con todo, y por si la situación no fuera lo suficientemente  insostenible, 84 personas fueron desalojadas de la T4 de Barajas el pasado 2 de abril. Teniendo en cuenta el hacinamiento de los centros, o bien se habilitan nuevos espacios o estas personas deberán permanecer en la calle.

La visión de Enrique: qué ocurre a través de los ojos de los más invisibles

Enrique es una de las 2.800 personas sin hogar de la Comunidad de Madrid. Desde que se inició el confinamiento, narra desde su cuenta de twitter todo aquello que considera que la sociedad de a pie necesita saber. Desde Conciencia Cultural hemos podido hablar con él. Para Enrique, el Gobierno está actuando como nos hemos acostumbrado a que actúe, «pero al menos no estamos siendo perseguidos como en otros países», se consuela. Enrique continúa, y citaré sus argumentos textualmente ya que considero que absolutamente nada de lo que yo tenga que decir tendrá la mitad de de la veracidad de la que tienen sus palabras:

Cuando observo la situación actual con un enfoque sociológico, la veo como una gran catástrofe humanitaria. Personas que siguen en la calle, casi un mes después de que se decretase un primer estado de alarma, personas obligadas a aguantar la cuarentena metida con su familia en verdaderos zulos «habitacionales», personas dependientes y vulnerables que de repente ven como ya no les llega la ayuda institucional y que no pueden salir a la calle, víctimas encerradas 24/7 con sus agresores, mascotas abandonadas, refugios dónde ayudan a dichas mascotas abandonadas a duras penas y una situación lamentable en las perreras donde a falta de permiso institucional los animales tenían que convivir encerrados en cheniles diminutos con sus heces y orines. Esa era la realidad en la que ya vivíamos pero que un estado de alarma ha hecho visible.

 

Hay mucha gente que se está preguntando ahora adonde han ido sus impuestos durante todos estos años, porqué su país no estaba preparado para combatir una gran pandemia, porqué no había mascarillas y EPIs para el personal sanitario, ni los cuerpos de seguridad, porqué se ha abandonado tanto a las personas vulnerables y los pocos servicios que se ofrecen son tan limitados e insuficientes.

#RompamosLaNormalidad. © Sense Sostre BCN

Pero mientras esas personas se preguntan todo eso, aparecen miles de casos nuevos de coronavirus, los tanatorios improvisados se llenan de víctimas, los ancianos mueren abandonados en sus residencias y en sus domicilios y hay cadáveres que aparecen después de días entre unos cartones en la calle. ¿Qué puede hacer el gobierno ante tanta crudeza y tanta muerte, sino intentar maquillar un poco la realidad, ofrecer recursos insuficientes e intentar hacer creer a la sociedad que la realidad no es tan insoportable como está siendo? Supongo que la única alternativa de la que disponemos ahora mismo son las redes de Apoyo Mutuo y la visibilizacion de las emergencias sociales que vayamos viendo. El gobierno en algún momento se tendrá que ver obligado a actuar, pero como siempre hacen todos los gobiernos tarde y mal. ¿Mis necesidades? Ahora mismo, que esto acabe lo antes posible con el mínimo número de víctimas directas e indirectas posibles.

 

 


En conclusión, y sin descubrir nada más allá que las evidencias que conocemos, las personas sin hogar continúan siendo invisibles para la gran mayoría de la sociedad. El desconocimiento provoca la caída en estereotipos que no siempre se cumplen y, si muchos han de (sobre)vivir a duras penas en condiciones normales, las amenazas del coronavirus complican con creces su situación. Con los centros de acogida atendiendo a individuos por encima de sus posibilidades, las asociaciones concienciadas con esta problemática colaboran en la medida en la que pueden. No cabe duda en que todos están trabajando al pie del cañón: los trabajadores e integradores sociales se dejan la piel cada día para intentar ofrecer el mejor cuidado a los usuarios. Pero no es suficiente. No dan a basto porque no hay recursos. En relación al testimonio de Enrique, esta pandemia solo pone en evidencia los finos hilos sobre los que se sostenía nuestra realidad. Los huecos del tejido de una sociedad mal estructurada y mal repartida, escasa de empatía y ambiciosa de poder.

Se nos ha visto el plumero. Ha emergido todo aquello que se escondía con distracciones diarias cotidianas.  Ahora, con todo el planeta en vilo, resurgen las necesidades de los que pasan desapercibidos. A veces todos somos ciegos simplemente porque no queremos mirar. Desde Conciencia Cultural hemos querido intentar dar visibilidad a la población en desamparo que, o bien busca cobijo en algún rincón de nuestras calles, o bien son hacinados en centros de acogida que no permiten protegerse frente al COVID19. Es posible que, quizá, el virus a veces seamos nosotros.