Sorolla y la moda

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y el Museo Sorolla organizan una exposición dedicada a la presencia de la moda en la obra de Joaquín Sorolla

Tendrá lugar, de manera simultánea y complementaria en ambas sedes, desde el 13 de febrero al 27 de mayo de 2018.

Comisariada por Eloy Martínez de la Pera, la muestra reúne más de setenta pinturas procedentes de museos y colecciones privadas nacionales e internacionales.



Gran amante de la moda, Sorolla es el cronista perfecto de los cambios en las tendencias y estilo de la indumentaria de finales del siglo XIX y principios del XX. Sus cuadros reúnen un evocador catálogo de vestidos, joyas y complementos realzados por su trazo suelto y vigoroso. El interés del pintor por la moda queda patente, además, en la documentación disponible como fotografías, bocetos o cartas con continuas referencias a diferentes aspectos del vestir.

“Clotilde con traje negro”, 1906. / Traje, hacia 1900.

Los referentes sociales de Sorolla –nacido en el seno de una familia humilde dedicada a la venta de tejidos- y de su mujer, Clotilde García del Castillo, –nacida en un entorno burgués y acomodado, fruto de la situación social alcanzada por la fama de su padre, el fotógrafo Antonio García Peris-, son decisivos para valorar la evolución e importancia que adquiere la imagen en el entorno de la familia Sorolla, estableciéndose un claro paralelismo entre su ascenso social y económico y su interés por la moda y la indumentaria.

Su actividad como retratista de sociedad no fue lo único que le hizo dirigir la mirada hacia la vestimenta, sino también su afán observador y su genuino interés por todo lo que le rodeaba. En este sentido, su figura se asocia a la imagen de modernidad establecida por Baudelaire en El pintor de la vida moderna, el artista como “observador, flâneur, filósofo…” y hombre de mundo.

Cuatro secciones

La primera de las cuatro secciones en las que desarrolla la muestra se aquella del Sorolla íntimo. Dedicada al ámbito familiar del pintor, muestra diferentes aspectos de su vida cotidiana, como las cartas que envía a su mujer desde París, en las que le comunica las novedades en la moda, y las compras de vestidos que allí realiza para ella y sus hijas, así como las obras que dedica a su familia, sobre todo a su mujer y musa. Es el caso de Clotilde con traje negro (1906), del Metropolitan Museum of Art (Nueva York), junto a un traje (hacia 1900) del Musée des Arts Décoratifs de París, o Clotilde vestida de blanco (1902), de la Hispanic Society of America (Nueva York), y un vestido de ceremonia (hacia 1907) de la colección Ana González-Moro.

“Mrs Ira Nelson Morris con sus hijos”, 1911. / Vestido, hacia 1910 – 1915 (Museo del Traje).

Sorolla recibe numerosos encargos para retratar a personajes de la alta sociedad de su época, describiendo y descubriendo en ellos el alma de una élite y su deseo de reconocimiento. Por ello, el retrato de la sociedad protagoniza gran parte de su obra, sobre esto versa la segunda parte de la exposición. Algunos de los retratos y vestidos incluidos en esta sección se hacen eco de las últimas tendencias en el vestir, mientras que otros, más clásicos, reflejan una moda que dirige su mirada al pasado. La Reina Victoria Eugenia (1911), de la Hispanic Society of America, y un vestido de baile de Charles F. Worth (hacia 1896) de la colección Francisco Zambrana, o el Retrato de María Lorente (1905), de una colección privada, y un traje de novia (1907) de Antonia Montesinos del Museo del Traje de Madrid, son ejemplos de ello.

El tercer bloque en el que se divide la muestra es el del Sorolla más intimista. En la segunda mitad del siglo XIX se descubren los efectos terapéuticos de los baños de mar. Zarautz, Santander, San Sebastián, la Costa Brava o las playas de Levante empiezan a ser populares entre los primeros veraneantes españoles. La moda está también presente en estos escenarios y Sorolla, testigo destacado de ello, refleja magistralmente este aspecto en retratos realizados junto al mar como Clotilde en la playa (1904), del Museo Sorolla, expuesto junto a un vestido de día (1904-1908) del Victoria and Albert Museum de Londres, o Bajo el toldo, Zarautz (1910), del Saint Louis Art Museum, junto a una blusa blanca y falda (hacia 1900) del Centre de Documentació i Museu Tèxtil de Terrassa.

“Elena con túnica amarilla”, 1909. / Vestido
1920 (Museu Tèxtil).

En último lugar, el Museo Thyssen dedica la cuarta parte de la exposición a Paris y la vida moderna surgida a mediados del siglo XIX, que impregna las nuevas costumbres de ocio: los cafés, los paseos urbanos, el teatro y la ópera…, son lugares que llaman la atención de Sorolla en sus frecuentes viajes a París. Allí conoce, además, de primera mano las novedades que se producen en la alta costura, que le sirven de inspiración a la hora de realizar sus retratos. Con una creación de Fortuny, el mítico vestido Delphos, retrata a su hija en Elena con túnica amarilla (1909), de una También de Fortuny es la blusa de tafetán plisado en seda azul con la que aparece Clotilde en una miniatura en gouache de la pintora norteamericana Martha Susan Baker (1871-1911), ambas piezas del Museo Sorolla y expuestas en este apartado.

Museo Sorolla

Por su parte, en el Museo Sorolla la exposición se adapta a sus espacios, muy marcados por su condición de casa y por haber conservado casi intacto su ambiente original y todo su mobiliario. Haciendo un recorrido por la muestra se pueden apreciar temas como la moda, reflejada en su obra debido al encargo de personalidades como pudieron ser la
reina María Cristina o, con un estilo más desenfadado el retrato de “La bella Raquel” (hacia 1912) que bajo el aparatoso sombrero Belle époque viste una moderna blusa blanca. Los retratos más tradicionales, en traje de fiesta o de noche, contrastan con los más modernos y sobrios vestidos negros, o el deslumbrante traje blanco, a la griega, del Retrato de Amelia Romea, señora de (1897), de una colección privada.

“Retrato de la reina Cristina”, 1888. / Traje, hacia 1890 (Museo del Traje).

La muestra continúa en el Sorolla con un espacio dedicado a la familia. Tanto la mujer como las hijas del pintor tuvieron un don natural para la elegancia y supieron llevar trajes y sombreros con verdadero estilo. Sorolla se complació en verse rodeado de una familia a la moda, y nunca olvidó en sus viajes llevarles como regalo vestidos o complementos que hubieran llamado su atención. Especialmente le gustaban los vestidos de verano, pues los blancos a la luz del sol fueron la marca distintiva de su pero tampoco podía faltar en su casa la tradición española de la mantilla sobre el traje negro para las bodas o la Semana Santa, y así retrató Sorolla a Clotilde en  “Clotilde con mantilla negra” (hacia 1919-1920) expuesto junto a un vestido de Lucile (hacia 1912) del Victoria and Albert Museum de Londres.

Por último, el visitante desemboca nuevamente en el ambiente original del comedor familiar. Elena, la pequeña de la familia, fue la más aficionada a las novedades, a los vestidos bonitos y a las joyas, y desde muy joven la vemos retratada por su padre con modelos “importantes”: el vestido Delfos, patentado por el pintor, escenógrafo y diseñador Mariano Fortuny y Madrazo, hizo furor entre las más modernas y avanzadas mujeres de la época; Elena, casi niña todavía, quedó inmortalizada con un delfos dorado, asomando entre la graciosa guirnalda de frutas con que Sorolla decoró el comedor de su casa.

 

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